La Tarjeta Única de la llamada Mesa de la Unidad Democrática, que representa al única candidato de la oposición venezolana que enfrentará al presidente que va por la reelección, Hugo Chávez, reúne a los partidos históricos y más representativos del país, como lo son: Acción Democrática, Copei, Proyecto Venezuela, La Causa R, Alianza al Bravo Pueblo, Bandera Roja, Movimiento al Socialismo, Cuentas Claras, Movimiento Republicano, URD, Gente Emergente, Opina, Convergencia, Movimiento Laborista, Electores Libres y OFM.
Este ha sido el logro máximo de la estrategia publicitaria electoral de la oposición venezolana. La Tarjeta Única presenta algunas características interesantes:
En un sentido utilitario para los partidos:
Es una herramienta electoral realizada para un fin político.
Es un pacto de no agresión entre partidos políticos que buscan el mismo objetivo.
En la percepción del elector:
Crea un efecto tranquilizador en el elector al lograrse una aparente unidad entre partidos.
La sensación de que se ha llegado a una toma de consciencia política y ciudadana en favor del país.
Es un incentivo para el ánimo del elector desmotivado o indeciso.
Aunque muchos critican que ésta no permitirá conocer el comportamiento y las preferencias de los seguidores y de la militancia de cada uno de los partido representados a nivel nacional y regional, es innegable que la Tarjeta Única ha sido un logro que, luego de muchas negociaciones entre las organizaciones políticas, se ha depurado en un resultado muy favorable para la oposición y sus simpatizantes.
Posee un diseño sencillo y reconocible con un color azul de tono muy suave, no agresivo a la vista, con las siglas identificatorias y el logotipo de la Unidad, con la foto del candidato a su izquierda y el nombre Henrique Capriles Radonski muy claramente escrito en la parte superior. En términos de identificación electoral, será muy fácil ubicarla en el tarjetón electoral electrónico.
Agradezco a la periodista Shirley Varnagy por la entrevista que me ha realizado en su programa «Soluciones» del canal de noticias venezolano Globovisión, donde hablamos de la influencia de la música y los jingles en la campaña electoral de los candidatos presidenciales Hugo Chávez y Henrique Capriles Radosnky, que salió al aire el 13 de junio de 2012.
El «canto de ordeño» representa para el criador de ganado del llano venezolano, un ritual muy especial. Es el canto del peón de hacienda, del obrero del campo, madrugador y solitario, que se dirige a la faena diaria mucho antes de que salga el sol y que ya en posición, con ubre en mano, canta para sí mismo y para la vaca que ordeña, versos improvisados que crean una atmósfera de paz y sentimiento por su trabajo y por el valor que representa el paisaje que lo rodea. Es un lamento lejano, esperanzador, de amor y a veces de resignación. Entre los grandes exponentes de esta poesía musical se encuentra el autor de «Caballo Viejo«, el gran arista venezolano Simón Díaz, autor y compositor internacional, ganador del premio Grammy en reconocimiento a toda una vida de triunfos musicales.
Este estilo musical folklórico de improvisación, que sale del alma campesina, ha sido utilizado como cortina musical en una serie de spots televisivos donde la figura presidencial es exaltada en su imagen, los cuales se muestran reiteradamente por diversas televisoras estatales. Es incontable la frecuencia con que se han transmitido diariamente desde el mes de abril de 2012 y no pertenece a ningún tipo de publicidad institucional y propaganda gubernamental. Estas últimas están referidas a la información que se imparte a los ciudadanos sobre las instituciones públicas, sus funciones y sobre su gestión, así como también para mostrar los logros del gobierno en el ejercicio del poder.
Esta serie de spots distan mucho de tales pretensiones institucionales o gubernamentales. Es decir, funcionan como refuerzo de imagen personal, cuya trama se desarrolla y se conecta con ambiente rurales, casas, personas humildes y muchos niños, que tratan de ser relacionados con el presidente venezolano Hugo Chávez. Junto con las imágenes, la música que las acompaña se escucha como una declaración de amor, alabanza y agradecimiento. Tales melodías son interpretadas por grandes voces de la música venezolana, reconocibles por todos, como son los cantantes Francisco Pacheco, fundador y antiguo integrante del muy popular grupo «Un Solo Pueblo«, cuyos temas, muchos de la autoría del insigne folclorista Jesús Rosas Marcano, se anidaron para siempre en el corazón del venezolano y, por otra parte, la dulce voz de Amaranta Pérez, joven y talentosa cantante que ocupa los nuevos territorios de la música experimental venezolana.
En estos spots se escucha el canto de ordeño, una improvisación sobre el amor agradecido que se expresa al presidente Chávez, que lo exalta con palabras de admiración y subordinación. Estos versos de los diferentes spots, son cantados sobre la misma progresión armónica, sencilla y repetitiva, ejecutada por un cuatro, muy representativo instrumento nacional, con un acorde por compás: tónica menor – subdominante menor – dominante; y finaliza con la tónica menor (con la tensión novena que ofrece un sonido más dramático).
Los efectos de estos spots en el espectador podrían ser:
La voces reconocibles de los cantantes crean una empatía inconsciente entre el espectador y la imagen vista. Cada espectador se identificará con la voz masculina o femenina de los diferentes spots, en una especie de voz de la consciencia o voz interna.
El lema final en los spots, «Corazón Venezolano«, tienen la idea de involucrar y unificar el sentimiento entre todos los espectadores.
Ya que esta clase de publicidad no pertenece ni a la institucional ni a la propaganda gubernamental, se infiere entonces que tiene fines netamente personales y electorales; utilizando los medios y recursos estatales.
Este tipo de publicidad trata de crear un aura de héroe victorioso surgido de las entrañas del país, el estilo musical así lo sugiere a través de la función física de locación utilizada en música para filmes, además que la melodía es acompañada por el primer instrumento folklórico nacional, el cuatro.
La pretensión de las imágenes junto con la música es transmitir una ilusión de lejanía, una metáfora de añoranza, que más que tratarse de un presidente escogido corrientemente a través de una elección popular, es convertir al personaje en una especie de leyenda, el «Cid Campeador Criollo», un promotor de una gesta épica con aires independentistas.
Aquí se muestra la serie «Corazón Venezolano«, spots electorales fuera del tiempo oficial de campaña de Hugo Chávez.
Es impactante saber que en Venezuela, en tiempo de elecciones, se puede notar un gran número de candidaturas inscritas con el único y definido propósito de llegar a la Presidencia de la República. A través de la historia contemporánea venezolana se han visto esfuerzos desaforados y sostenidos por diversos candidatos para llegar a la cima del poder, es decir, presionan dentro de sus partidos o se insobordinan a la disciplina de éstos y crean unos nuevos, hacen o deshacen alianzas, compiten contra sus antiguos amigos, se hacen amigos de sus antiguos enemigos y, sin ir más lejos, realizan todas las posibles combinaciones que la aritmética del transfuguismo y del oportunismo puedan dar para sobrevivir y brillar en este complicado mundo que llamamos “política”. Lo que más importa, pues, es llegar a la cúspide más deseada: “La Silla Presidencial”.
Lo dicho anteriormente no se refiere sólo a una práctica local, sino que se realiza en todos las naciones occidentales que poseen sistemas electorales “democráticos”, donde exista por lo menos la posibilidad de competir con reglas claras y con un arbitro legalmente constituido e imparcial; cosa que en países autoritarios o totalitarios no se podría lograr. También hay que mencionar que los sistemas democráticos europeos, más depurados y conscientes que el nuestro, la responsabilidad de ser candidato electoral no se toma tan a la ligera, sino que en ocasiones existen muchos requisitos de formación personal, de historial laboral y de gestión, que presionan tanto a los postulados que, a veces, la tarea de candidato se convierte en una carga muy pesada y, al ser triunfador comicial, presupone grandes consecuencias judiciales, patrimoniales y morales ante una sociedad responsable y acostumbrada a que todo funcione correctamente.
En Venezuela, los únicos requisitos para postularse como candidato presidencial están contemplados en la Constitución Nacional y regulados por la Ley Orgánica de Procesos Electorales, donde sólo se necesita ser venezolano por nacimiento, mayor de treinta años de edad, de estado seglar y no haber sido condenado mediante sentencia firme, es decir, estos requisitos ni siquiera exigen el saber leer y escribir. Se diría entonces que, llenando los requisitos de ley, es relativamente fácil ser candidato para optar por un cargo público, incluyendo la Presidencia de la República. La cuestión está en preguntarse: ¿Por qué alguien tiene ese deseo tan intenso de ser presidente en Venezuela? Existe una lista enorme de “precandidatos presidenciales”, es decir, ciudadanos inscritos para participar en una elección interna, las llamadas “primarias”, para obtener a un postulado que represente a los partidos de oposición en una candidatura unitaria, todo esto con el fin de no dividir el voto de la oposición en una contienda electoral contra el único candidato de gobierno por la reelección, el presidente Hugo Chávez, en el proceso electoral venezolano de 2012.
Lo que llama la atención es que para tales “elecciones primarias” se han postulado una serie de candidatos inimaginables: novatos de poca experiencia, políticos de carrera que vivieron los inicios de la democracia en el país y, por otra parte, jóvenes de gran carisma, todos con más o menos experiencia en asuntos políticos. Está claro que este mecanismo de escogencia perfecciona la democracia venezolana, pero me he preguntado si con la importancia histórica que representan los próximos comicios 2012 para el país, todos ellos tendrán claro su aporte como candidato y como presidente si fuera el caso, o sólo han considerado pretensiones más oscuras e individualistas. Pienso que muchos de ellos no tendrían bien definida una respuesta a la obligatoria pregunta que corresponde a sus anhelos, sin caer primero en los clichés habituales, es decir, cómo se puede responder de manera convincente una pregunta tan crucial que convenza a un electorado ávido de cambios sociales y estructurales; y que a nivel de imagen favorezca a sus deseos electorales: ¿Por qué quiero yo ser Presidente?
Existe una anécdota muy famosa que ocurrió en Estados Unidos, en la cual el Partido Demócrata estaba escogiendo a su candidato mediante elecciones internas, en sus primarias, para enfrentarse al republicano Ronald Reagan en las elecciones presidenciales de 1980. El favorito de todos los Demócratas era el muy estimado y respetado Edward “Ted” Kennedy, senador por Massachusetts, que sobresalía en popularidad y carisma al titular de la candidatura por la reelección presidencial, James “Jimmy” Carter.
Inesperadamente, en una importante entrevista televisiva a través de la cadena CBS que le hiciera un famoso periodista norteamericano, Roger Mudd, días antes a dicha definitoria, todo cambiaría. Lo increíble del caso fue que el periodista, después de haber mostrado y comentado la impecable carrera política del senador Kennedy, una gran oportunidad para promocionar su imagen, al preguntarle: ¿Por qué quiere usted ser Presidente? Éste se quedo perplejo, titubeó, contestó frases dispersas y mal elaboradas, es decir, la duda y la pobre preparación para la entrevista dejó ver una carencia en sus propósitos, en sus planes; una debilidad, un efecto desfavorable en su imagen que la audiencia captó inmediatamente y que consideró enormemente al momento de apoyarlo como candidato presidencial. Se podría pensar que tal suceso permitió que la impopularidad de Carter generalizada en el electorado estadounidense, diera el triunfo de Reagan.
Se muestra la famosa entrevista que dio origen a la derrota de Ted Kennedy a la candidatura Demócrata para la elección de 1980 y, por ende, la derrota de su partido en esa oportunidad.
En un artículo anterior se hacía referencia al tipo de publicidad electoral que fue utilizado por la candidata presidencial Irene Sáez en uno de sus spots para la campaña del año 1998 en Venezuela y, más recientemente, el candidato George W. Bush en el año 2000 en Estados Unidos . Se expuso el tema que comparten algunos expertos referido al tipo de publicidad subliminal visual que se inserta entre los cuadros fílmicos (frames) de una película, que difícilmente logran el efecto deseado, porque existen mecanismos de alerta inconscientes donde los valores y las creencias salen a relucir y actúan como escudo protector contra toda influencia que pretenda imponer acciones contra la voluntad del individuo.
Por otro lado, otros estudios referidos a propaganda han propuesto la idea que mediante la música es más fácil conectarse emocionalmente con un individuo e inducirlo a creer o actuar de una determinada manera, porque su humor puede ser afectado directamente. La música, a diferencia de la imagen, se cuela insospechadamente mientras la atención está puesta sólo en lo visual; aquélla duplica la sensibilidad del receptor y lo predispone para un sentimiento específico. La música también es utilizada en la publicidad como recurso mnemotécnico o para asociar una nueva idea con otra que se ha aprendido previamente.
El spot de la Gran Misión Vivienda Venezuela, radiado y televisado en 2011, destaca los requisitos que el ciudadano debe efectuar para participar en la adjudicación de una vivienda que el gobierno se ha comprometido a construir en poco tiempo. Este programa constituye una luz de esperanza en la creencia del ciudadano sobre un tema de gran interés nacional (issue) que afecta a gran parte de los venezolanos.
Ahora bien, se ha hecho un análisis libre sobre el tipo de música para saber cómo se utilizó y qué efectos se pretenden con el elemento sonoro del spot; y de ello se ha podido extraer lo siguiente:
Se ha utilizado música estilo salsa debido al carácter popular que tiene este importante género caribeño que, por ende, tiene mayor alcance dentro de un sentimiento de identidad comunitaria.
Se ha utilizado un tema musical que bien pudo haberse inspirado en una canción llamada “Qué manera de quererte” de Emilio Ríos que entre algunas versiones, la más popular es la del cantante puertorriqueño Gilberto Santa Rosa. Esta variación conserva el mismo ritmo percusivo de clave 2:3 y está un tono más alto que la original, pero contiene la misma instrumentación, el mismo carácter y sonido que los arreglistas, Georgie Padilla y Pappo Lucca, utilizaron en la original. El “solo instrumental” a diferencia de la original, está ejecutado por un instrumento para nada estridente, el vibráfono, ideal para colocar el mensaje informativo del spot por encima de él.
Esta técnica de rehacer un tema musical es muy válida y se ha utilizado desde la música clásica, la folklórica, la étnica y hasta el jazz; es llamada “variación de un tema” que a nivel publicitario puede ser utilizado como «factor de conexión emotivo» para relacionarla con una idea previamente aprendida por el receptor del mensaje, es decir, si nos detenemos a escuchar la letra de la canción original sabremos que se trata de una persona que halaga a su pareja con palabras y metáforas de amor y que sólo vive para quererla. Como ha sido una canción tan conocida y tan famosa en la radio y televisión, cantada por alguien tan reconocido entre los amantes de la salsa romántica, es casi improbable que alguien no la conozca o no la haya escuchado o bailado por lo menos una vez en su vida.
En el spot de Vivienda Venezuela, el tema musical como elemento funcional publicitario, podría contener lo siguiente: Existe la presencia subliminal de una tercera persona, de un ente, que expresa su “afecto y su querer” que está oculto tras la variación del tema de la canción que puede ser reconocida en distintos niveles de la percepción. Este “ente” está oculto debido a que es un arreglo instrumental, excepto por el coro inicial, cuya línea melódica está tocada improvisamente por un vibráfono, pero la progresión armónica es también una variación de la canción original, eso es lo que mantiene la presencia tácita de dicha «entidad» en el arreglo musical, que pudiera tratarse de la figura presidencial. No hay voz que cante, ni que diga: “qué manera de quererte, qué manera…”, pero el inconsciente se encarga de recordar y cantarle al receptor del mensaje a medida que transcurre la música sola, como si efectivamente hubiera alguien cantando.
Este tipo de tema musical crea una conexión que rebasa los límites del minuto donde se circunscribe el spot, nos dice que hay algo más importante, más trascendente que nos conecta al hacer el trámite del registro sugerido por el anunciante. Conecta sentimientos de afecto con la imagen que muestra de manera sencilla el esfuerzo gubernamental, ya sea real o irreal, de hacer y entregar viviendas para sus ciudadanos.
A continuación, se muestra la cuña o spot para tener una referencia de lo que se ha expuesto anteriormente; igualmente se muestra la canción de Emilio Ríos que se utiliza con fines netamente demostrativos y pedagógicos.
«Qué manera de quererte» de Emilio Ríos – canta: Gilberto Santa Rosa
Este es un extracto de una cálida y entretenida entrevista que me hizo la muy profesional periodista Marianna Gómez en su programa EntreNoticias de Globovisión, realizada el 10 de abril de 2011, donde hablamos temas de las campañas y los jingles electorales en Venezuela.
Agradezco muchísimo a Marianna por su simpatía y la deferencia que tuvo conmigo por invitarme a su importante programa de televisión y al equipo del canal de noticias venezolano Globovisión.
En mi artículo anterior comenté que en el aspecto publicitario siempre ha existido la práctica de la «guerra sucia» y la «propaganda negativa» entre contendores electorales. Asimismo, mencioné que dichas prácticas no sólo se realizan en países con democracias jóvenes, como las latinoamericanas, sino que también es una constante en las democracias muy tradicionales como la estadounidense.
Una de las pocas diferencias que se puede notar es que en los diversos spots televisivos que contienen “propaganda negativa”, estos son siempre firmados y aprobados por el candidato contendor, que los promueven, o por sus partidos. Pienso que, además de existir normas legales que son de obligatorio cumplimiento para hacer la contienda electoral más justa, se podría decir también que la presencia visual y sonora de dicha aprobación reflejan una sensación moral de que se asume una responsabilidad por los juicios emitidos sobre el candidato cuyas acciones se ponen en tela de juicio, aunque sea sólo una estrategia más en la campaña. Esto es muy diferente a lo que ha pasado en el caso venezolano, actuando siempre anónimamente durante décadas en lo que respecta a esta materia, que además de ser éticamente muy cuestionada, siempre ha sido ilegal.
En este caso tenemos un ejemplo extraído de la misma fuente del comando de campaña, versión electrónica, del candidato John McCain, que toma responsabilidad sobre los juicios emitidos sobre el candidato Barack Obama, para desfavorecerlo en los comicios de 2008 en Norteamérica.
A continuación, se muestra el spot electoral de TV «Celebrity«, producido con el fin de generar efectos negativos en la audiencia.
En la historia democráctica de diversos países se ha recurrido a la llamada “guerra sucia” a través de la publicidad en vallas, cuñas radiofónicas o spots televisivos que hablen mal, o muestren imágenes negativas que puedan desfavorecer a ciertos candidatos en una determinada contienda electoral. Esto es una práctica constante que muchos han calificado como propias de democracias jóvenes, tercermundistas o primitivas. Eso ha hecho pensar que la publicidad electoral contribuye en gran medida a deformar o distorsionar la información que se debería transmitir en tales campañas y que la reduce a una forma vulgar de manipulación y exaltación de la imagen por encima de los temas de interés social.
Se partiría entonces del hecho que la comunicación política depurada y totalmente racional estaría desarrollada sólo para democracias ideales, en contraposición a las reales, donde todos los ciudadanos tendrían un altísimo nivel de educación y un exagerado interés por los temas políticos; y esto no es así. Datos empíricos han mostrado lo contrario. Al ciudadano común el costo de la información política le resulta por lo general mayor que el beneficio que aspira obtener, es decir, prefiere gratificaciones concretas e inmediatas que invertir tiempo en conocer sobre temas públicos. De esta manera, la publicidad política no intenta restar información sustancial o formal sobre el tema político, la cual va dirigida a los muy interesados, sino, por el contrario, apunta a llenar un espacio con la intención de motivar el interés hacia los asuntos públicos en el segmento de la población que está poco o nada interesada en estos aspectos.
Con respecto a las estrategias de campañas electorales en las nuevas democracias, Koeneke (1994) comenta que en los países desarrollados con democracias “avanzadas”, como Estados Unidos, implementan las mismas prácticas utilizadas en democracias jóvenes, como Venezuela, en el sentido de que ambas combinan “…lo programático con la exaltación de la imagen personal, o lo ideológico con lo cotidiano, lo informativo con lo publicitario (…) lo ‘serio’ con lo ‘trivial’”. Es decir, se descarta el mito de que las democracias más antiguas y desarrolladas usan estrategias de campañas en un sentido puramente racional dentro de una democracia ideal, por el contrario, usan estrategias de campaña combinadas; inclusive, se han evidenciado prácticas de “guerra sucia” en ellas:
«Evidencia empírica más reciente no sólo confirma esa conclusión, sino que revela en forma clara que en esas campañas se incorporan de manera rutinaria estrategias universalmente consideradas indeseables, como la llamada “guerra sucia” (…) A la luz de este hallazgo, que pone de manifiesto como una constante la fase negativa o de ataque, puede concluirse que las campañas de una democracia avanzada como la norteamericana no son el ejemplo de civismo y exquisitez comunicacional con el que algunos pretenden contrastar a las campañas de democracias como la venezolana.» (Koeneke, 1994)
Como ejemplo de ello podemos apreciar un spot electoral de las elecciones venezolanas de 1998, donde anónimamente, a diferencia de lo que pasa en el ámbito estadounidense cuando se utilizan estas prácticas, se pretendía descalificar a uno de los candidatos de aquella contienda electoral.
El domingo 30 de enero de 2011, la periodista Johamy Molina Ojeda escribió una excelente reseña sobre el libro «La publicidad electoral en sus dimensiones sonoras» para el Diario 2001. Las fotos del artículo estuvieron a cargo de Alberto Torres Lamprea. Quisiera compartir éste reportaje con todos ustedes. Agradezco mucho a Johamy y Alberto por haber estado presente en el evento.