Una canción para Marcos Pérez Jiménez

La percepción de la figura de poder puede despertar emociones encontradas entre los individuos de una sociedad a través de la historia. Muchas son las anécdotas que rodean a los líderes en el ejercicio de su mandato, que han causado admiración como también el desprecio por parte de sus detractores.

A diferencia de las campañas electorales, donde existe una publicidad contratada y especializada que se apodera de los medios para exaltar las cualidades de un candidato utilizando todos los recursos posible, afiches, pancartas, música, mítines, entrevistas, que sirven para persuadir a un electorado determinado, nos referiremos a dedicatorias musicales que surgieron por distintos motivos, por sincera admiración o por mera adulación; las que se han hecho populares entre las sociedades a través del tiempo, que han trascendido a sus protagonistas y que han quedado como recuerdo para historia.

Podemos encontrar ejemplos en las canciones de la guerra civil norteamericana. En esa época de tantas tribulaciones ideológicas, políticas y sociales, las canciones no sólo se utilizaban como medio de exaltación de las cualidades personales de los líderes políticos, como una especie de campaña publicitaria primitiva, sino también porque muchos de sus compositores y cantantes compartían la pasión y los ideales de sus admirados líderes, estaban unidos a la causa. Como nos comenta Jerry Silverman (Songs and Stories of the Civil War, 2002), Jesse Hutchinson quien escribió “Lincoln and liberty”, compartía los ideales abolicionistas del presidente Lincoln; y quien con su familia de cantantes, el Cuarteto Hutchinson, hizo famosa tal pieza musical que exaltaba su gran figura idealista.

En Venezuela se puede encontrar un ejemplo similar sobre una canción dedicada a un  importante líder político.

A principios del siglo XX, cuando el caudillo Cipriano Castro realizaba una gran gira por el centro, sur y oriente de Venezuela en 1905. Como nos cuenta Alexis Marín Cheng en su artículo periodístico publicado en el diario Sol de Margarita en 2015, la alta clase política y social de la isla de Margarita, Estado Nueva Esparta, esperaba al mandatario, el cual fue recibido con una gran celebración privada para honrarlo. La música de la orquesta del baile estaba a cargo del gran compositor insular Vicente Cedeño, quien al tocar una pieza musical instrumental de su autoría, originalmente llamada “Lirio del Valle”, fue interrumpido por el anfitrión de la fiesta de bienvenida, e indagando sobre las formas musicales de la extraordinaria pieza y también preguntándole “¿Y cómo se llama el valse? A lo cual el maestro Cedeño, sin vacilar, contesta ‘Castro en Margarita’”.

Así quedó plasmado en la historia musical uno de los valses más ejecutados e icónicos del folclor venezolano.

Al margen de los eventos sociales y políticos, a mediados del siglo XX la música popular tomó matices muy coloridos a lo largo de Latinoamérica. Mucha fue la influencia del intercambio cultural que proporcionaba la radio y, por supuesto, el cine latinoamericano, donde México tuvo un protagonismo importantísimo. Era uno de los mayores productores y distribuidores de películas para la región a un nivel comparable a Hollywood. La música de la época de oro del cine mexicano era tan protagonista como sus artistas. Sus actores cantaban y bailaban marcando así una tendencia para la moda de la época, en sus estilos y maneras. Por tal razón, México y su cine tuvieron mucha influencia no sólo de su propia cultura, sino también fueron influenciados por artistas foráneos los cuales crearon una bella fusión cultural, una mixtura de música popular y folclórica. En los estilos de la guaracha, el bolero, el danzón, el porro, la cumbia, el merengue, el tango y el cha-cha-cha, podían ser escuchados todos inclusive en una misma canción; es decir, una mezcla de ritmos y elementos musicales de México, Cuba, Colombia, República Dominicana, Argentina, Venezuela y otros países latinoamericanos. 

El cantante Alberto Fernández Mindiola, perteneció a ese grupo de cantantes de esa época que no sólo popularizó el ritmo del vallenato en su propio país, sino que lo llevó fuera de fronteras de su natal Colombia. Esta leyenda de la música popular colombiana perteneció al grupo musical de su paisano, el compositor José María Peñaranda, autor de la famosa pieza “Se va el caimán”; y, más tarde, prosiguió su carrera de cantante perteneciendo a otras agrupaciones, siendo una de las más importantes “Bovea y sus Vallenatos”. Fernández  junto a ésta agrupación, dio a conocer el vallenato hasta hacerlo popular en toda Suramérica.

Corrían los años cincuenta en Venezuela, en un ambiente político ambiguo donde el General Marcos Pérez Jiménez toma el poder desde el año 1952 al 58, luego de haber sido nombrado presidente provisional por una junta militar. 

Pérez Jiménez se caracterizó por ser un mandatario de mano dura de sólida formación militar, quien era temido por muchos a causa de sus implacables persecuciones y torturas a sus adversarios políticos; y, también, admirado por otros quienes pensaban que había dado un importante impulso modernista al país el cual era mayormente rural. Este mandatario presumía de sus logros al rodearse de los mejores profesionales en cada uno de sus campos de conocimiento para impulsar al país, que sí logró obtener en infraestructura y en educación.

 

Alberto Fernández - Bovea y sus Vallenatos

Alberto Fernández – Bovea y sus Vallenatos

 

En la radiodifusión venezolana comenzaba a escucharse una canción dedicada al mandatario venezolano, que describía la fama y la aceptación de Marcos Pérez Jiménez. El compositor José María Peñaranda había escrito un tema musical en un ritmo parecido al merengue venezolano, pero con una métrica de 6/8, que se volvió pegajoso entre la audiencia. Este “merengue” fue interpretado por el mencionado Alberto Fernández Midiola con “Bovea y sus Vallenatos”, el cual había sido grabado en Bogotá por Fonográficas Radio Vergara.

A diferencia de los registros y estadísticas actuales, los pormenores de la producción discográfica entre los años 40 y 60 e, inclusive, en los 70, no se divulgaban como se hace en la actualidad. Eran pocos los discos que exponían información adicional sobre la historia de su contenido, más bien su divulgación actual ha sido fruto de una lucha entre asociaciones de productores musicales, técnicos de sonido, artistas, compositores y arreglistas musicales, aunado a la evolución de los formatos tecnológicos, como también a las revisiones de las políticas de derecho de autor y propiedad intelectual, para dar justo crédito al trabajo de sus creadores y participantes. Hasta hace muy poco, las historias y los créditos artísticos de la creación discográfica pertenecían al círculo íntimo de sus participantes, que muchas veces se convertían en leyendas gremiales. 

Es por esta razón que no hay documentación suficiente que muestren datos exactos sobre el lanzamiento del single “Presidente Marcos Pérez Jiménez” en Colombia y su llegada a Venezuela; y sobre si el tema musical en cuestión se produjo por encargo de los partidarios del mandatario que sirviera de propaganda política, o quizás fuera creado por genuina admiración del compositor ya que dichos homenajes se estilaban en la época y, para esa década, Pérez Jiménez se había convertido en un personaje político importante y muy nombrado en la cotidianidad de la región.

También pudiera especularse que el compositor y el grupo musical que interpretan el tema habrían querido despertar el interés del público venezolano y de los medios oficialistas, ya que “Bovea y sus Vallenatos” poseía una famosa carrera musical llena de triunfos internacionalizando los ritmos colombianos; y quizás vieron un potencial mercado en el público de un pujante país como era la Venezuela de la época.

Lo que se pueda decir sobre quién o con qué motivos se realizó esta pieza musical ya poco importa. Lo que verdaderamente interesa es el resultado que pudo haber tenido en la audiencia de la época; tema que hemos tratado insistentemente en diversos artículos:

  1. La música puede transformar la percepción de un mensaje inherente desde un estado racional a uno emocional hasta lograr empatía con la audiencia.
  2. La música, por ser un arte donde la estética y el gusto juega un papel preponderante, puede crear asociaciones con ideas previamente aprendidas por la audiencia.
  3. La música aunada a un mensaje determinado rompe el protocolo de la formalidad, ya que su interpretación (del gusto, de su estética) es un proceso intelectual íntimo por parte del receptor.
  4. La música asociada a un mensaje determinado podría modificar o hacer reinterpretar ciertos elementos y hacerlos ver desde otra perspectiva, reforzándolos positivamente o negativamente según el caso.

No debemos olvidar que en un diagrama de flujo de comunicación, la percepción del mensaje y su interpretación dependen en gran parte del aprendizaje, valores y educación de sus receptores. De esos factores puede depender que se produzca una persuasión efectiva. En todo caso, la música como herramienta de comunicación podría ayudar a llevar el mensaje haciéndolo repetitivo, pegajoso, rítmico y atractivo al receptor.

El tema “Presidente Marcos Pérez Jiménez” fue muy popular en Venezuela gracias a su radiodifusión y todavía es recordado por la gente que vivió dicha época. Es posible entonces que esta pieza musical ayudara a cambiar algún aspecto sobre la percepción del mandatario y su gobierno; y lo haya hecho más popular entre algunos de sus gobernados.

Quisiera agradecer enormemente a mi muy querido amigo el Dr. Juan Francisco Sanz, profesor titular de la Universidad Central de Venezuela, a quien preliminarmente le había comentado acerca del artículo que me disponía a escribir; y quien con mucha dedicación me ubico los datos del disco single “Presidente Marcos Pérez Jiménez”, en 45 RPM en contacto con su amigo Víctor Márquez, al quien él mismo lo califica como “una enciclopedia ambulante de la discografía nacional”, el que me envió la foto del disco a través de aquél. Con esta importante información pude dar con la historia de Fernández y Peñaranda.

Justo Morao

 


Fuente consultadas:

Silverman, Jerry. Songs and stories of the civil war. Twenty-first Century Books. Connecticut. 2002

http://www.elsoldemargarita.com.ve/posts/post/id:150047

https://www.radionacional.co/noticia/artista-semana/los-90-alberto-fernandez-voz-oro-del-vallenato


 

De la llamada “guerra sucia” en la publicidad electoral

En la historia democráctica de diversos países se ha recurrido a la llamada “guerra sucia” a través de la publicidad en vallas, cuñas radiofónicas o spots televisivos que hablen mal, o muestren imágenes negativas que puedan desfavorecer a ciertos candidatos en una determinada contienda electoral. Esto es una práctica constante que muchos han calificado como propias de democracias jóvenes, tercermundistas o primitivas. Eso ha hecho pensar que la publicidad electoral contribuye en gran medida a deformar o distorsionar la información que se debería transmitir en tales campañas y que la reduce a una forma vulgar de manipulación y exaltación de la imagen por encima de los temas de interés social.

Se partiría entonces del hecho que la comunicación política depurada y totalmente racional estaría desarrollada sólo para democracias ideales, en contraposición a las reales, donde todos los ciudadanos tendrían un altísimo nivel de educación y un exagerado interés por los temas políticos; y esto no es así. Datos empíricos han mostrado lo contrario. Al ciudadano común el costo de la información política le resulta por lo general mayor que el beneficio que aspira obtener, es decir, prefiere gratificaciones concretas e inmediatas que invertir tiempo en conocer sobre temas públicos. De esta manera, la publicidad política no intenta restar información sustancial o formal sobre el tema político, la cual va dirigida a los muy interesados, sino, por el contrario, apunta a llenar un espacio con la intención de motivar el interés hacia los asuntos públicos en el segmento de la población que está poco o nada interesada en estos aspectos.

Con respecto a las estrategias de campañas electorales en las nuevas democracias, Koeneke (1994) comenta que en los países desarrollados con democracias “avanzadas”, como Estados Unidos, implementan las mismas prácticas utilizadas en democracias jóvenes, como Venezuela, en el sentido de que ambas combinan “…lo programático con la exaltación de la imagen personal, o lo ideológico con lo cotidiano, lo informativo con lo publicitario (…) lo ‘serio’ con lo ‘trivial’”. Es decir, se descarta el mito de que las democracias más antiguas y desarrolladas usan estrategias de campañas en un sentido puramente racional dentro de una democracia ideal, por el contrario, usan estrategias de campaña combinadas; inclusive, se han evidenciado prácticas de “guerra sucia” en ellas:

“Evidencia empírica más reciente no sólo confirma esa conclusión, sino que revela en forma clara que en esas campañas se incorporan de manera rutinaria estrategias universalmente consideradas indeseables, como la llamada “guerra sucia” (…) A la luz de este hallazgo, que pone de manifiesto como una constante la fase negativa o de ataque, puede concluirse que las campañas de una democracia avanzada como la norteamericana no son el ejemplo de civismo y exquisitez comunicacional con el que algunos pretenden contrastar a las campañas de democracias como la venezolana.” (Koeneke, 1994)

Como ejemplo de ello podemos apreciar un spot electoral de las elecciones venezolanas de 1998, donde anónimamente, a diferencia de lo que pasa en el ámbito estadounidense cuando se utilizan estas prácticas, se pretendía descalificar a uno de los candidatos de aquella contienda electoral.

Justo Morao

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Nota sobre la entrevista en Onda La Superestación 107.9 FM (audio)

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Nota de la entrevista sobre el libro “La publicidad electoral en sus dimensiones sonoras” del día 18 de febrero de 2011 en el programa radial “La Revista” con María Elena Lavaud y Héctor Palma en la página web de “Onda La Superestación 107,9 FM”.