Bernie Sanders, el elocuente que le gana terreno a sus contrincantes

Bernie Sanders, que ha sido senador por el Estado de Vermont desde 2007, ha manifestado su intención de lanzarse al ruedo presidencial de los Estados Unidos en la próximas elecciones de 2016. Se autoproclama como independiente y socialdemócrata de corte progresista, cuyos temas principales de campaña se fundamentan en la igualdad, la justicia y la no violencia. Sin embargo enfrenta una dura batalla contra Hillary Clinton por la candidatura del partido Demócrata.

Su discurso puede ser muy peligroso para cualquier rival. Habla claro y directo sobre temas que conciernen a todo el electorado referentes al costo de la vida, las dificultades laborales de la clase media, la redistribución de los recursos militares que él considera innecesarios para mejorar condiciones sociales de los más necesitados, lo que hace que algunos lo tilden de gran populista.

A nivel de imagen, este político es muy congruente con su discurso. Hace una campaña presencial entre sus seguidores, muy austera, sin rimbombancias publicitarias y sin poses, lo cual podría darle una ventaja con su audiencia durante los periodos de dificultades laborales o de seguridad social que pueda estar pasando ese país, cuando el voto se hace más razonado y menos emocional. Sanders habla directo y su estilo de ataque a sus contrincantes se centran en hacer pensar y comparar las promesas de aquéllos con un escenario realista. Es un candidato que se postula con palabras esperanzadoras para la gran clase obrera estadounidense.

Sus spots están enfocados a mostrar extractos de sus discursos progresistas, que no siguen los patrones de un solo tema de campaña a la vez, como era tradicional desde 1952, sino que más bien habla y entremezcla varios temas. Tales spots lucen naturales, la mayoría no tiene música definida, sólo un efecto orquestal casi inaudible que evita el silencio total en el discurso del candidato y que le otorga un aire dramático a la escena. A diferencia de sus contrincantes, Bernie Sanders se vende como un candidato con mucha sustancia y sin extravagancias superficiales.

Justo Morao

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Medio siglo de JFK

Cincuenta años separan dos días viernes. El 22 de noviembre de 2013 se habrá cumplido medio siglo del que ha sido considerado como el día en que el pueblo estadounidense del siglo XX perdió la inocencia.

JFK - Foto inédita publicada en 2013 - (cortesía nationalgeographic.com)

JFK – Foto inédita publicada en 2013 – (cortesía nationalgeographic.com)

El tiempo ha reivindicado la imagen de John Fitzgerald Kennedy y la ha puesto en su justa dimensión: un ser humano con defectos como cualquiera, pero a la vez, con una visión moderna de futuro, con un sólido propósito de impulsar la consolidación interna de Estados Unidos a nivel político y social en un momento de grandes tribulaciones; como también su empeño en el resguardo de la seguridad y defensa más allá de sus fronteras.

JFK in 64JFK estuvo preparando su reelección desde mediados de 1963 realizando una gira a través de los estados sureños de su país pasando por la ciudad de Dallas en el estado de Texas, donde encontró su muerte.

Entre las multitudes que se abalanzaban hacia el carismático líder se podían leer pancartas y afiches de pre-campaña con la leyenda “JFK in 64”.

El vicepresidente Lyndon Johnson que pasaba por una mala racha de eventos que empañaban su imagen política y electoral, la cual trataba de recuperar a toda costa, sería el sucesor temporal por mandato constitucional del fallecido presidente. Irónicamente, el trágico evento le serviría para revitalizar su imagen y para impulsar su carrera política que contribuiría a su propio triunfo electoral presidencial en el año 1964.

Justo Morao

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¿Por qué quiere usted ser Presidente?

Es impactante saber que en Venezuela, en tiempo de elecciones, se puede notar un gran número de candidaturas inscritas con el único y definido propósito de llegar a la Presidencia de la República. A través de la historia contemporánea venezolana se han visto esfuerzos desaforados y sostenidos por diversos candidatos para llegar a la cima del poder, es decir, presionan dentro de sus partidos o se insobordinan a la disciplina de éstos y crean unos nuevos, hacen o deshacen alianzas, compiten contra sus antiguos amigos, se hacen amigos de sus antiguos enemigos y, sin ir más lejos, realizan todas las posibles combinaciones que la aritmética del transfuguismo y del oportunismo puedan dar para sobrevivir y brillar en este complicado mundo que llamamos “política”. Lo que más importa, pues, es llegar a la cúspide más deseada: “La Silla Presidencial”.

Lo dicho anteriormente no se refiere sólo a una práctica local, sino que se realiza en todos las naciones occidentales que poseen sistemas electorales “democráticos”, donde exista por lo menos la posibilidad de competir con reglas claras y con un arbitro legalmente constituido e imparcial; cosa que en países autoritarios o totalitarios no se podría lograr. También hay que mencionar que los sistemas democráticos europeos, más depurados y conscientes que el nuestro, la responsabilidad de ser candidato electoral no se toma tan a la ligera, sino que en ocasiones existen muchos requisitos de formación personal, de historial laboral y de gestión, que presionan tanto a los postulados que, a veces, la tarea de candidato se convierte en una carga muy pesada y, al ser triunfador comicial, presupone grandes consecuencias judiciales, patrimoniales y morales ante una sociedad responsable y acostumbrada a que todo funcione correctamente.

En Venezuela, los únicos requisitos para postularse como candidato presidencial están contemplados en la Constitución Nacional y regulados por la Ley Orgánica de Procesos Electorales, donde sólo se necesita ser venezolano por nacimiento, mayor de treinta años de edad, de estado seglar y no haber sido condenado mediante sentencia firme, es decir, estos requisitos ni siquiera exigen el saber leer y escribir. Se diría entonces que, llenando los requisitos de ley, es relativamente fácil ser candidato para optar por un cargo público, incluyendo la Presidencia de la República. La cuestión está en preguntarse: ¿Por qué alguien tiene ese deseo tan intenso de ser presidente en Venezuela? Existe una lista enorme de “precandidatos presidenciales”, es decir, ciudadanos inscritos para participar en una elección interna, las llamadas “primarias”, para obtener a un postulado que represente a los partidos de oposición en una candidatura unitaria, todo esto con el fin de no dividir el voto de la oposición en una contienda electoral contra el único candidato de gobierno por la reelección, el presidente Hugo Chávez, en el proceso electoral venezolano de 2012.

Lo que llama la atención es que para tales “elecciones primarias” se han postulado una serie de candidatos inimaginables: novatos de poca experiencia, políticos de carrera que vivieron los inicios de la democracia en el país y, por otra parte, jóvenes de gran carisma, todos con más o menos experiencia en asuntos políticos. Está claro que este mecanismo de escogencia perfecciona la democracia venezolana, pero me he preguntado si con la importancia histórica que representan los próximos comicios 2012 para el país, todos ellos tendrán claro su aporte como candidato y como presidente si fuera el caso, o sólo han considerado pretensiones más oscuras e individualistas. Pienso que muchos de ellos no tendrían bien definida una respuesta a la obligatoria pregunta que corresponde a sus anhelos, sin caer primero en los clichés habituales, es decir, cómo se puede responder de manera convincente una pregunta tan crucial que convenza a un electorado ávido de cambios sociales y estructurales; y que a nivel de imagen favorezca a sus deseos electorales: ¿Por qué quiero yo ser Presidente?

Kennedy-1980.jpg

Existe una anécdota muy famosa que ocurrió en Estados Unidos, en la cual el Partido Demócrata estaba escogiendo a su candidato mediante elecciones internas, en sus primarias, para enfrentarse al republicano Ronald Reagan en las elecciones presidenciales de 1980. El favorito de todos los Demócratas era el muy estimado y respetado Edward “Ted” Kennedy, senador por Massachusetts, que sobresalía en popularidad y carisma al titular de la candidatura por la reelección presidencial, James “Jimmy” Carter.

Inesperadamente, en una importante entrevista televisiva a través de la cadena CBS que le hiciera un famoso periodista norteamericano, Roger Mudd, días antes a dicha definitoria, todo cambiaría. Lo increíble del caso fue que el periodista, después de haber mostrado y comentado la impecable carrera política del senador Kennedy, una gran oportunidad para promocionar su imagen, al preguntarle: ¿Por qué quiere usted ser Presidente? Éste se quedo perplejo, titubeó, contestó frases dispersas y mal elaboradas, es decir, la duda y la pobre preparación para la entrevista dejó ver una carencia en sus propósitos, en sus planes; una debilidad, un efecto desfavorable en su imagen que la audiencia captó inmediatamente y que consideró enormemente al momento de apoyarlo como candidato presidencial. Se podría pensar que tal suceso permitió que la impopularidad de Carter generalizada en el electorado estadounidense, diera el triunfo de Reagan.

Se muestra la famosa entrevista que dio origen a la derrota de Ted Kennedy a la candidatura Demócrata para la elección de 1980 y, por ende, la derrota de su partido en esa oportunidad.

Justo Morao

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