The Road We’ve Traveled – Excelente documental publicitario electoral con importantes elementos sonoros

The Road We’ve Traveled (El camino que hemos recorrido) es un documental publicitario de corta duración realizado con fines electorales. Excelentemente producido y dirigido por el documentalista ganador del premio Oscar de la Academia de Cinematografía, Davis Guggenheim, hace una narración desde el comienzo del gobierno de Barack Obama y va directamente a lo que tuvo que enfrentar, la crisis heredada del gobierno republicano de George W. Bush.

Elementos visuales que potencian el mensaje:

  • Imágenes de noticieros financieros y testimonios que respaldan los argumentos de Obama.
  • Endorsement publicitario de celebridades políticas como William “Bill” Clinton, importantísimo para dar mayor credibilidad.

Fijémonos en los elemento sonoros:

  • Comienza con notas divagantes, tonalidades menores que sugieren soledad, confusión, notas largas detrás del narrador en voz en off, junto con testimoniales y la voz del Presidente Obama como gran orador. Todo esto dentro de la descripción de los momentos más duros.
  • La música de fondo cambia radicalmente, cuando se narran las acciones correctivas del gobierno para cambiar la crisis.
  • En esta nueva onda, mientras Obama habla, la música hace pausas o silencios. Eso potencia el mensaje y puntualiza la atención de la audiencia.
  • A través del video, hay momentos de lucha, de fracasos momentáneos y esperanza.
  • La música se define así:
  1. En situaciones de presión o de crisis hay música lenta y errática en tonalidades menores.
  2. En situaciones de logros, el ritmo se acelera y la instrumentación denota elementos en tonalidades mayores y de música electrónica.
  3. En situaciones de toma decisiones de responsabilidad hacia un logro, la música muestra elementos de orquestación de cuerdas con notas largas apuntando a lo reflexivo o esperanzador.
El fin perseguido por documentales como éste podría marcar la diferencia en el ánimo del elector indeciso e inclinar la balanza en cuanto a su intención de voto.
Veamos este corto documental escuchando cada detalle de la música de fondo junto con el ánimo de la imagen y las palabras narradas:

Mensaje electoral a través de una canción popular

Una de las grandes ideas de promoción electoral en una campaña ha sido la de musicalizar el mensaje del candidato en forma de canción popular, de ritmo fácil y armonía sencilla, no sólo para exaltar la imagen del candidato, sino el lema de campaña y parte de los temas de interés (issues). Es el paquete que yo llamaría “el todo en uno”.

Este fue el objetivo perseguido por los estrategas del candidato presidencial Barack Obama en el año 2008, al contactar al ingenioso productor musical Will.I.Am, quien ha aportado su talento en diversas producciones musicales muy exitosas mundialmente, con agrupaciones y solistas como: Black Eye Peas, Carlos Santana, Justin Timberlake, entre otros, la producción de un video que resumiera el mensaje y la carismática imagen del candidato. El productor hábilmente tomó un importante discurso y el lema de campaña del aquél y lo acompañó con sencillos acordes de guitarra, cantando sobre él, repitiendo y remarcando las frases con ritmos de “rap” sobre la voz del candidato. La voz y el lema “Yes, we can” de Obama se escuchan todo el tiempo y el acompañamiento de las demás voces crea una sensación coral, de una idea compartida, de un solo sentimiento, asimismo, otras figuras muy reconocidas en el medio artístico lo acompañan en la grabación y en el video.

El resultado: Un discurso que parece una canción Pop, o de estilo Soul, con un mensaje contundente que, gracias a la repetición y el ritmo sincopado, quedará incrustado en la mente de su audiencia.

Justo Morao

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¿Por qué quiere usted ser Presidente?

Es impactante saber que en Venezuela, en tiempo de elecciones, se puede notar un gran número de candidaturas inscritas con el único y definido propósito de llegar a la Presidencia de la República. A través de la historia contemporánea venezolana se han visto esfuerzos desaforados y sostenidos por diversos candidatos para llegar a la cima del poder, es decir, presionan dentro de sus partidos o se insobordinan a la disciplina de éstos y crean unos nuevos, hacen o deshacen alianzas, compiten contra sus antiguos amigos, se hacen amigos de sus antiguos enemigos y, sin ir más lejos, realizan todas las posibles combinaciones que la aritmética del transfuguismo y del oportunismo puedan dar para sobrevivir y brillar en este complicado mundo que llamamos “política”. Lo que más importa, pues, es llegar a la cúspide más deseada: “La Silla Presidencial”.

Lo dicho anteriormente no se refiere sólo a una práctica local, sino que se realiza en todos las naciones occidentales que poseen sistemas electorales “democráticos”, donde exista por lo menos la posibilidad de competir con reglas claras y con un arbitro legalmente constituido e imparcial; cosa que en países autoritarios o totalitarios no se podría lograr. También hay que mencionar que los sistemas democráticos europeos, más depurados y conscientes que el nuestro, la responsabilidad de ser candidato electoral no se toma tan a la ligera, sino que en ocasiones existen muchos requisitos de formación personal, de historial laboral y de gestión, que presionan tanto a los postulados que, a veces, la tarea de candidato se convierte en una carga muy pesada y, al ser triunfador comicial, presupone grandes consecuencias judiciales, patrimoniales y morales ante una sociedad responsable y acostumbrada a que todo funcione correctamente.

En Venezuela, los únicos requisitos para postularse como candidato presidencial están contemplados en la Constitución Nacional y regulados por la Ley Orgánica de Procesos Electorales, donde sólo se necesita ser venezolano por nacimiento, mayor de treinta años de edad, de estado seglar y no haber sido condenado mediante sentencia firme, es decir, estos requisitos ni siquiera exigen el saber leer y escribir. Se diría entonces que, llenando los requisitos de ley, es relativamente fácil ser candidato para optar por un cargo público, incluyendo la Presidencia de la República. La cuestión está en preguntarse: ¿Por qué alguien tiene ese deseo tan intenso de ser presidente en Venezuela? Existe una lista enorme de “precandidatos presidenciales”, es decir, ciudadanos inscritos para participar en una elección interna, las llamadas “primarias”, para obtener a un postulado que represente a los partidos de oposición en una candidatura unitaria, todo esto con el fin de no dividir el voto de la oposición en una contienda electoral contra el único candidato de gobierno por la reelección, el presidente Hugo Chávez, en el proceso electoral venezolano de 2012.

Lo que llama la atención es que para tales “elecciones primarias” se han postulado una serie de candidatos inimaginables: novatos de poca experiencia, políticos de carrera que vivieron los inicios de la democracia en el país y, por otra parte, jóvenes de gran carisma, todos con más o menos experiencia en asuntos políticos. Está claro que este mecanismo de escogencia perfecciona la democracia venezolana, pero me he preguntado si con la importancia histórica que representan los próximos comicios 2012 para el país, todos ellos tendrán claro su aporte como candidato y como presidente si fuera el caso, o sólo han considerado pretensiones más oscuras e individualistas. Pienso que muchos de ellos no tendrían bien definida una respuesta a la obligatoria pregunta que corresponde a sus anhelos, sin caer primero en los clichés habituales, es decir, cómo se puede responder de manera convincente una pregunta tan crucial que convenza a un electorado ávido de cambios sociales y estructurales; y que a nivel de imagen favorezca a sus deseos electorales: ¿Por qué quiero yo ser Presidente?

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Existe una anécdota muy famosa que ocurrió en Estados Unidos, en la cual el Partido Demócrata estaba escogiendo a su candidato mediante elecciones internas, en sus primarias, para enfrentarse al republicano Ronald Reagan en las elecciones presidenciales de 1980. El favorito de todos los Demócratas era el muy estimado y respetado Edward “Ted” Kennedy, senador por Massachusetts, que sobresalía en popularidad y carisma al titular de la candidatura por la reelección presidencial, James “Jimmy” Carter.

Inesperadamente, en una importante entrevista televisiva a través de la cadena CBS que le hiciera un famoso periodista norteamericano, Roger Mudd, días antes a dicha definitoria, todo cambiaría. Lo increíble del caso fue que el periodista, después de haber mostrado y comentado la impecable carrera política del senador Kennedy, una gran oportunidad para promocionar su imagen, al preguntarle: ¿Por qué quiere usted ser Presidente? Éste se quedo perplejo, titubeó, contestó frases dispersas y mal elaboradas, es decir, la duda y la pobre preparación para la entrevista dejó ver una carencia en sus propósitos, en sus planes; una debilidad, un efecto desfavorable en su imagen que la audiencia captó inmediatamente y que consideró enormemente al momento de apoyarlo como candidato presidencial. Se podría pensar que tal suceso permitió que la impopularidad de Carter generalizada en el electorado estadounidense, diera el triunfo de Reagan.

Se muestra la famosa entrevista que dio origen a la derrota de Ted Kennedy a la candidatura Demócrata para la elección de 1980 y, por ende, la derrota de su partido en esa oportunidad.

Justo Morao

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¿Es efectiva la Publicidad Subliminal Electoral?

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Mucha gente me ha preguntado si existe o no la creación o modificación de una conducta a través de lo que se ha llamado “publicidad subliminal” en comerciales de televisión y cine o por algún otro medio audiovisual. Sobre este debatido tema, pienso que no es posible lograrlo y diversos estudios realizados por expertos en la materia han constatado mi propia creencia. Para adentrarnos a los efectos de la publicidad subliminal, primero debemos concentrarnos en el mensaje que quiere ser transmitido.

Durante la primera mitad del siglo XX, se difundía la idea de que los mensajes podían ser transmitidos en bloque de una mente a otra. Wilbur Schramm (1974), señala que en los primeros días de la investigación comunicacional, la audiencia estaba considerada como “pasiva e indefensa”, donde el pensamiento, las ideas, un mensaje, podían transferirse de una mente hacia otra, siendo irresistible para el sujeto receptor. Esta fue llamada la Teoría Bala:  “La comunicación era vista como una bala mágica que transfería ideas, sentimientos, sabiduría o motivaciones casi automáticamente de una mente a otra”.

Sears y Whitney (1973) describen seis pasos con el fin de analizar el comportamiento en la persuasión: 1) Presentación, cuando el sujeto es expuesto a la comunicación persuasiva. Sostienen que esto por sí solo no garantiza la efectividad de la persuasión; 2) Atención, se requiere que el sujeto preste atención al mensaje; 3) Comprensión, sólo cuando el sujeto comprende el mensaje dado tiene posibilidad de ser influenciado por éste; 4) Aceptación, que el sujeto esté de acuerdo con las opiniones del mensaje; 5) Retención, que se extienda por un período el mensaje que se recibe, además de incluir los pasos antes citados; 6) Comportamiento evidente, representa el paso final donde la conducta del proceso de persuasión es llevada a cabo.

Herbert Koeneke (1994), en concordancia con diversos investigadores, agrega que además de ser atendido y comprendido, lo fundamental es la intervención del fenómeno llamado “interpretación selectiva”, que es el que permite que un mensaje sea rechazado o aceptado. Dicho fenómeno de aceptación opera “cuando la interpretación de la información resulta cónsona con los valores, orientaciones y creencias del receptor”. A esto, se señala que al ser blancos deliberados de la propaganda que pretende persuadir: “En tanto las viejas lealtades sean activadas, la percepción selectiva servirá como un efectivo escudo protector” (Lang y Lang, 1974).

Asimismo, en el campo de la persuasión subliminal utilizada en la publicidad norteamericana, nos comenta Wilson Bryan Key (2004), aún cuando se oculta el estímulo para no ser visto conscientemente, los sujetos tienden a rechazar el mensaje de forma inexplicable, cuando tales estímulos chocan con sus predisposiciones o valores morales.

Estos resultados se han repetido en diversos estudios y hay suficiente evidencia empírica para afirmar que no se ha logrado comprobar que la llamada publicidad subliminal opere de forma automática para crear o modificar una conducta específica en un individuo.

A continuación, se muestra un spot electoral que ha dado mucho de que hablar puesto que, según Richard Berke en un artículo que escribió para el New York Times el 12 de septiembre de 2000, este sería el primero en la historia de una campaña electoral norteamericana donde se utiliza la técnica visual de esconder un mensaje para desprestigiar al oponente y aventajarlo.

Se trata, pues, de un spot difundido durante la campaña presidencial de 2000 donde el candidato George W. Bush desestima los esfuerzos del candidato opositor Al Gore durante su mandato como vicepresidente de EE.UU., en el período Clinton-Gore, sobre un issue tan importante como lo es un plan para combatir los altos costos de los medicamentos (prescription drugs). El equipo de publicitario de Bush logra entremeter la palabra “Rats” (Ratas) que es resultado de un ángulo de acercamiento de la palabra “Burocrats” (Burócratas), para asociar ambos significados; y, a la vez, mencionar que los republicanos sí tienen un verdadero plan sobre los medicamentos para la población, mientras los Demócratas son todos unos “Burócratas”.

Rats Bush spot (2000)

En el segundo 0:23” se ve claramente el juego veloz de ángulos en las palabras escritas, casi imperceptible, que buscan a toda costa influenciar las opiniones de los electores. Este tipo de recuadro “escondido” pertenece a la denominada publicidad subliminal por inducción mecánica.

Si bien esa fue la primera vez que se utilizó la técnica subliminal en una elección norteamericana, ya en Venezuela se había hecho dos años antes. Se puede tomar como ejemplo, en el caso venezolano, un spot electoral de 1998, de la candidata presidencial Irene Sáez, donde sus productores de campaña “escondieron” deliberadamente dos flashes subliminales, el primero en el tiempo 0:16” y el segundo en el 0:19”, donde se lee claramente “VOTA IRENE” y que es imperceptible a plena vista a la velocidad normal del filme. Pienso que difícilmente este tipo de anuncios llega a tener los resultados que se esperan.

Justo Morao

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La ventaja de la buena imagen televisiva en una campaña electoral

 

Se podría decir que el año 1960 marcó el inicio de la comunicación política moderna, al menos en Estados Unidos. En la contienda electoral de ese año se enfrentaba el muy experimentado vicepresidente de esa nación Richard Nixon contra el “novato” senador por el estado de Massachusetts, John Fitzgerald Kennedy.

En dicha campaña las antiguas prácticas que se habían utilizado hasta entonces como los discursos en cada pueblo o ciudad, las caravanas de los candidatos, las convenciones estadales con presencia de los candidatos, se redujeron a su mínima expresión y hasta se pudiera decir que muchas desaparecieron. Ahora se presentaba por primera vez en la historia electoral el “debate televisivo” donde los candidatos podían dirigirse directamente a los votantes y llegar a audiencias aún mayores.

En el siguiente video se muestra un escenario político donde el candidato favorito para las presidenciales era Richard Nixon que, en esa serie de debates televisados, se vio opacado por la imagen de su contrincante, quien lucía mucho más joven, enérgico y deslumbrante. No se trataba sólo de los temas de interés (issues) que cada uno exponía brillantemente, sino de algo más. La gente que seguía los debates por la radio daba como ganador a Nixon, sin embargo, una mayor audiencia televisiva le daba el triunfo a Kennedy. Este fenómeno de la “imagen impecable” influyó tanto en el elector de la época que el triunfo de Kennedy fue un sorpresivo acontecimiento con una diferencia de menos de cien mil votos.

También se muestra al asesor televisivo de Nixon de esa época, Ted Rogers, comentando precisamente la mala imagen física que reflejaba su candidato en la pantalla, que lo hacía ver “transparente”, mientras que el porte de Kennedy era más favorable en ese medio electrónico y masivo.

Justo Morao

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Nacimiento del spot publicitario electoral

Thomas Rosser Reeves jr.

Thomas Rosser Reeves jr.

El año 1952 marca el inicio de las estrategias comunicacionales que buscan ganar una elección presidencial en los Estados Unidos. Thomas Rosser Reeves jr., asesoró al Partido Republicano que apoyaba a Dwight “Ike” Eisenhower. Este experimentado productor publicitario creó una serie de spots televisivos que se concentraban en destacar un tema de interés (issue) por spot. Igualmente crea una serie de 49 spots televisivos destinados a cada estado en la cual emplea un método de campaña que consistía en no excederse en más de una categoría de argumentos en su mensaje. Asimismo se cuidaron elementos relativos a la imagen del candidato, de manera tal que se le “impusieron cambios físicos, con el fin de disimular su edad; y se le pidió que utilizase simplemente notas en sus discursos ante las cámaras de televisión, en vez de leer los largos textos que le preparaban sus asesores” (Maarek, 1997).

Ike Eisenhower 1952Asimismo, con el jingleI like Ike” (me gusta Ike), se crea una manera resonante y grandiosamente armonizada para que el elector cree empatía a través de la repetición del apodo del candidato, en lugar de su nombre real: 1) fijación en la memoria y 2) acercamiento emotivo con el candidato.

El General Eisenhower, como se le llamaba, derrotó al mismo candidato demócrata Adlai Stevenson en dos oportunidades, en 1952 y en 1956. A mi manera de ver, las campañas publitarias de Stevenson fueron poco agresivas y muy conservadoras; en estos casos tuvo grandes desventajas: 1) El nombre complicado del candidato; y 2) Lo confuso y lo modesto de sus jingles en cuanto a su producción.

Poster de Stevenson en su campaña de 1952

Su nombre de pila era pronunciado de manera distinta entre algunos sectores de la población, este problema quiso resolverse con un modesto jingle pobremente acompañado con un piano de fondo. Otras veces, su jingle era muy largo y no podía ser recordado fácilmente por el elector. Sabemos que de estos factores no depende una elección para ser ganada o perdida, porque se deben tomar en cuenta otras variables, pero definitivamente sí podría influir en la percepción del candidato por parte del elector.

Aquí se muestra por cortesía del State Historical Society of Wisconsin, el guión de uno de los spots sobre los diversos temas de interés (issues), la innovación de Reeves de destacar una “propuesta única de venta”. Fijémonos que mientras pasan las imágenes los parlamentos son sencillos y claros, con un narrador y una conversación directa con el candidato en forma de pregunta y respuesta; todo esto para que fuera lo más sencillo para la audiencia.

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Una vez culminado y aprobado el guión literario, se procedía a realizar un guión artístico o storyboard para que el equipo de producción de campo, director, camarógrafo, editor, tuvieran una idea clara de cómo debía verse el corte final del spot.

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Aquí se presenta el spot ya terminado para la audiencia televisiva:

El siguiente spot “I like Ike” de 1952, está realizado con dibujos animados donde se hacen presente los dos símbolos partidistas norteamericanos, el elefante por el Partido Republicano y el burro por el Partido Demócrata. Junto con un pegajoso jingle (canción de campaña) que dice “cuánto nos gusta Ike”, se entrega el mensaje visual que da a entender que mientras los Republicanos van hacia adelante, a la Casa Blanca en Washington, marchando detrás del elefante, los burros se quedan inmóviles viendo pasar la marcha o se muestran caminando en la dirección contraria.

En tercer y cuarto lugar se muestran dos spots de Stevenson, uno muy largo y sin repeticiones, que dificulta su resonancia en la memoria, de 1952; y otro que trata de resolver las complicaciones sobre la pronunciación de su nombre con un modesto jingle de 1956.

Justo Morao

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Ejemplo de “propaganda negativa” norteamericana

En mi artículo anterior comenté que en el aspecto publicitario siempre ha existido la práctica de la “guerra sucia” y la “propaganda negativa” entre contendores electorales. Asimismo, mencioné que dichas prácticas no sólo se realizan en países con democracias jóvenes, como las latinoamericanas, sino que también es una constante en las democracias muy tradicionales como la estadounidense.
Una de las pocas diferencias que se puede notar es que en los diversos spots televisivos que contienen “propaganda negativa”, estos son siempre firmados y aprobados por el candidato contendor, que los promueven, o por sus partidos. Pienso que, además de existir normas legales que son de obligatorio cumplimiento para hacer la contienda electoral más justa, se podría decir también que la presencia visual y sonora de dicha aprobación reflejan una sensación moral de que se asume una responsabilidad por los juicios emitidos sobre el candidato cuyas acciones se ponen en tela de juicio, aunque sea sólo una estrategia más en la campaña. Esto es muy diferente a lo que ha pasado en el caso venezolano, actuando siempre anónimamente durante décadas en lo que respecta a esta materia, que además de ser éticamente muy cuestionada, siempre ha sido ilegal.
En este caso tenemos un ejemplo extraído de la misma fuente del comando de campaña, versión electrónica, del candidato John McCain, que toma responsabilidad sobre los juicios emitidos sobre el candidato Barack Obama, para desfavorecerlo en los comicios de 2008 en Norteamérica.

A continuación, se muestra el spot electoral de TV Celebrity“, producido con el fin de generar efectos negativos en la audiencia.