Mensaje electoral a través de una canción popular

Una de las grandes ideas de promoción electoral en una campaña ha sido la de musicalizar el mensaje del candidato en forma de canción popular, de ritmo fácil y armonía sencilla, no sólo para exaltar la imagen del candidato, sino el lema de campaña y parte de los temas de interés (issues). Es el paquete que yo llamaría «el todo en uno».

Este fue el objetivo perseguido por los estrategas del candidato presidencial Barack Obama en el año 2008, al contactar al ingenioso productor musical Will.I.Am, quien ha aportado su talento en diversas producciones musicales muy exitosas mundialmente, con agrupaciones y solistas como: Black Eye Peas, Carlos Santana, Justin Timberlake, entre otros, la producción de un video que resumiera el mensaje y la carismática imagen del candidato. El productor hábilmente tomó un importante discurso y el lema de campaña del aquél y lo acompañó con sencillos acordes de guitarra, cantando sobre él, repitiendo y remarcando las frases con ritmos de «rap» sobre la voz del candidato. La voz y el lema «Yes, we can» de Obama se escuchan todo el tiempo y el acompañamiento de las demás voces crea una sensación coral, de una idea compartida, de un solo sentimiento, asimismo, otras figuras muy reconocidas en el medio artístico lo acompañan en la grabación y en el video.

El resultado: Un discurso que parece una canción Pop, o de estilo Soul, con un mensaje contundente que, gracias a la repetición y el ritmo sincopado, quedará incrustado en la mente de su audiencia.

Justo Morao

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Entrevista a Justo Morao en Kys FM 101.5 por Antonio Díaz Espejo

Quiero agradecer esta agradable entrevista al periodista Antonio Díaz Espejo (@espejooficial), excelente conductor del programa «180 Grados» en la emisora radial venezolana Kys FM 101.5. Octubre 17 de 2011

¿Por qué quiere usted ser Presidente?

Es impactante saber que en Venezuela, en tiempo de elecciones, se puede notar un gran número de candidaturas inscritas con el único y definido propósito de llegar a la Presidencia de la República. A través de la historia contemporánea venezolana se han visto esfuerzos desaforados y sostenidos por diversos candidatos para llegar a la cima del poder, es decir, presionan dentro de sus partidos o se insobordinan a la disciplina de éstos y crean unos nuevos, hacen o deshacen alianzas, compiten contra sus antiguos amigos, se hacen amigos de sus antiguos enemigos y, sin ir más lejos, realizan todas las posibles combinaciones que la aritmética del transfuguismo y del oportunismo puedan dar para sobrevivir y brillar en este complicado mundo que llamamos “política”. Lo que más importa, pues, es llegar a la cúspide más deseada: “La Silla Presidencial”.

Lo dicho anteriormente no se refiere sólo a una práctica local, sino que se realiza en todos las naciones occidentales que poseen sistemas electorales “democráticos”, donde exista por lo menos la posibilidad de competir con reglas claras y con un arbitro legalmente constituido e imparcial; cosa que en países autoritarios o totalitarios no se podría lograr. También hay que mencionar que los sistemas democráticos europeos, más depurados y conscientes que el nuestro, la responsabilidad de ser candidato electoral no se toma tan a la ligera, sino que en ocasiones existen muchos requisitos de formación personal, de historial laboral y de gestión, que presionan tanto a los postulados que, a veces, la tarea de candidato se convierte en una carga muy pesada y, al ser triunfador comicial, presupone grandes consecuencias judiciales, patrimoniales y morales ante una sociedad responsable y acostumbrada a que todo funcione correctamente.

En Venezuela, los únicos requisitos para postularse como candidato presidencial están contemplados en la Constitución Nacional y regulados por la Ley Orgánica de Procesos Electorales, donde sólo se necesita ser venezolano por nacimiento, mayor de treinta años de edad, de estado seglar y no haber sido condenado mediante sentencia firme, es decir, estos requisitos ni siquiera exigen el saber leer y escribir. Se diría entonces que, llenando los requisitos de ley, es relativamente fácil ser candidato para optar por un cargo público, incluyendo la Presidencia de la República. La cuestión está en preguntarse: ¿Por qué alguien tiene ese deseo tan intenso de ser presidente en Venezuela? Existe una lista enorme de “precandidatos presidenciales”, es decir, ciudadanos inscritos para participar en una elección interna, las llamadas “primarias”, para obtener a un postulado que represente a los partidos de oposición en una candidatura unitaria, todo esto con el fin de no dividir el voto de la oposición en una contienda electoral contra el único candidato de gobierno por la reelección, el presidente Hugo Chávez, en el proceso electoral venezolano de 2012.

Lo que llama la atención es que para tales “elecciones primarias” se han postulado una serie de candidatos inimaginables: novatos de poca experiencia, políticos de carrera que vivieron los inicios de la democracia en el país y, por otra parte, jóvenes de gran carisma, todos con más o menos experiencia en asuntos políticos. Está claro que este mecanismo de escogencia perfecciona la democracia venezolana, pero me he preguntado si con la importancia histórica que representan los próximos comicios 2012 para el país, todos ellos tendrán claro su aporte como candidato y como presidente si fuera el caso, o sólo han considerado pretensiones más oscuras e individualistas. Pienso que muchos de ellos no tendrían bien definida una respuesta a la obligatoria pregunta que corresponde a sus anhelos, sin caer primero en los clichés habituales, es decir, cómo se puede responder de manera convincente una pregunta tan crucial que convenza a un electorado ávido de cambios sociales y estructurales; y que a nivel de imagen favorezca a sus deseos electorales: ¿Por qué quiero yo ser Presidente?

Kennedy-1980.jpg

Existe una anécdota muy famosa que ocurrió en Estados Unidos, en la cual el Partido Demócrata estaba escogiendo a su candidato mediante elecciones internas, en sus primarias, para enfrentarse al republicano Ronald Reagan en las elecciones presidenciales de 1980. El favorito de todos los Demócratas era el muy estimado y respetado Edward “Ted” Kennedy, senador por Massachusetts, que sobresalía en popularidad y carisma al titular de la candidatura por la reelección presidencial, James “Jimmy” Carter.

Inesperadamente, en una importante entrevista televisiva a través de la cadena CBS que le hiciera un famoso periodista norteamericano, Roger Mudd, días antes a dicha definitoria, todo cambiaría. Lo increíble del caso fue que el periodista, después de haber mostrado y comentado la impecable carrera política del senador Kennedy, una gran oportunidad para promocionar su imagen, al preguntarle: ¿Por qué quiere usted ser Presidente? Éste se quedo perplejo, titubeó, contestó frases dispersas y mal elaboradas, es decir, la duda y la pobre preparación para la entrevista dejó ver una carencia en sus propósitos, en sus planes; una debilidad, un efecto desfavorable en su imagen que la audiencia captó inmediatamente y que consideró enormemente al momento de apoyarlo como candidato presidencial. Se podría pensar que tal suceso permitió que la impopularidad de Carter generalizada en el electorado estadounidense, diera el triunfo de Reagan.

Se muestra la famosa entrevista que dio origen a la derrota de Ted Kennedy a la candidatura Demócrata para la elección de 1980 y, por ende, la derrota de su partido en esa oportunidad.

Justo Morao

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Se repite de nuevo la misma historia (publicitaria electoral)

En los difíciles momentos que atraviesa Venezuela, con un clima electoral que promete calentarse poco a poco hasta finales del año 2012, a través de un proceso de elecciones primarias entre los diferentes partidos de oposición que escogerán a un candidato unitario que finalmente se enfrentará, en unos comicios presidenciales, al único contrincante del lado del gobierno, el actual presidente Hugo Chávez, es cuando se necesita más creatividad publicitaria y comunicacional para generar el mayor interés en el electorado.

El actual votante venezolano, cuya preferencia tienda a ser de oposición, busca entre los postulados a dichas primarias un vestigio de credibilidad y cambio. Sabemos que los spots o cuñas electorales funcionan como medios idóneos para transmitir información acerca del candidato, del partido o movimiento a que pertenece o de los temas de interés (issues), pero tan importante es ello como el estilo y el diseño de la comunicación.

Han pasado más veinte años de la candidatura del Dr. Eduardo Fernández por el partido venezolano Social Cristiano Copei, en el año 1988. Nadie podría señalarlo o criticar su estupenda e intachable carrera, además de ser uno de los pocos venezolanos que se mantiene con un alto grado de honorabilidad y respetabilidad en el difícil terreno de la política venezolana, asimismo, nadie podría dudar de su alta capacidad de respuesta en caso de asumir un puesto tan importante como la representación de una candidatura unitaria. Sin embargo, la imagen con que presenta su propuesta tiende a ser reincidente en el estilo de aquellos años ochenta, muy lejos de lo que sus intenciones de cambio y modernidad quieran transmitir.

Su nueva serie de spots: «ya es hora», todas dentro de un mismo estilo, muestran al público diferentes mensajes de tipo reflexivo, aunque dispersos y ambiguos, con palabras repetitivas y dentro de una imagen de ejecutivo de oficina con una biblioteca de fondo que ya hemos visto en el pasado, elementos no muy populares para el elector común. El spot contiene elementos positivos de excelente calidad como una imagen discursiva directa de plano cercano, también se sustituye la música de fondo por el silencio mientras se dirige a la audiencia, elemento muy importante para obtener la atención del espectador, sin embargo, el único elemento resonante que se ha dejado es un logotipo musical al final del spot que evoca una estrofa instrumental de nuestro «Gloria al Bravo Pueblo», es decir, el mensaje importante no se quedará en la memoria del espectador. Asimismo, el elemento desfavorable del spot ha sido que se muestra y se mantiene la misma imagen pasiva de ejecutivo de oficina que lo perjudicó tanto en el pasado de la cual se han cuidado sus otros contendores en esta nueva elección, inclusive sus contemporáneos, que por su parte han dado giros extraordinarios proyectando imágenes de agilidad y dinamismo como líderes políticos.

Aquí se muestra un ejemplo visual, un spot reciente de 2011 y otro del año 1988, sobre lo que se ha dicho acerca de la reincidencia en un mismo estilo de mensaje que pretende transmitir algo diferente y novedoso, que difícilmente genera confianza en la audiencia. Una buena recomendación es no repetir en los spots electorales elementos que puedan resultar desfavorables a la imagen, tanto visuales como sonoros, que estuvieron presentes en una campaña antigua y que puedan ser asociados al mensaje de un mismo candidato en una nueva campaña.

Justo Morao

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¿Es efectiva la Publicidad Subliminal Electoral?

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Mucha gente me ha preguntado si existe o no la creación o modificación de una conducta a través de lo que se ha llamado “publicidad subliminal” en comerciales de televisión y cine o por algún otro medio audiovisual. Sobre este debatido tema, pienso que no es posible lograrlo y diversos estudios realizados por expertos en la materia han constatado mi propia creencia. Para adentrarnos a los efectos de la publicidad subliminal, primero debemos concentrarnos en el mensaje que quiere ser transmitido.

Durante la primera mitad del siglo XX, se difundía la idea de que los mensajes podían ser transmitidos en bloque de una mente a otra. Wilbur Schramm (1974), señala que en los primeros días de la investigación comunicacional, la audiencia estaba considerada como “pasiva e indefensa”, donde el pensamiento, las ideas, un mensaje, podían transferirse de una mente hacia otra, siendo irresistible para el sujeto receptor. Esta fue llamada la Teoría Bala:  “La comunicación era vista como una bala mágica que transfería ideas, sentimientos, sabiduría o motivaciones casi automáticamente de una mente a otra”.

Sears y Whitney (1973) describen seis pasos con el fin de analizar el comportamiento en la persuasión: 1) Presentación, cuando el sujeto es expuesto a la comunicación persuasiva. Sostienen que esto por sí solo no garantiza la efectividad de la persuasión; 2) Atención, se requiere que el sujeto preste atención al mensaje; 3) Comprensión, sólo cuando el sujeto comprende el mensaje dado tiene posibilidad de ser influenciado por éste; 4) Aceptación, que el sujeto esté de acuerdo con las opiniones del mensaje; 5) Retención, que se extienda por un período el mensaje que se recibe, además de incluir los pasos antes citados; 6) Comportamiento evidente, representa el paso final donde la conducta del proceso de persuasión es llevada a cabo.

Herbert Koeneke (1994), en concordancia con diversos investigadores, agrega que además de ser atendido y comprendido, lo fundamental es la intervención del fenómeno llamado “interpretación selectiva”, que es el que permite que un mensaje sea rechazado o aceptado. Dicho fenómeno de aceptación opera “cuando la interpretación de la información resulta cónsona con los valores, orientaciones y creencias del receptor”. A esto, se señala que al ser blancos deliberados de la propaganda que pretende persuadir: “En tanto las viejas lealtades sean activadas, la percepción selectiva servirá como un efectivo escudo protector” (Lang y Lang, 1974).

Asimismo, en el campo de la persuasión subliminal utilizada en la publicidad norteamericana, nos comenta Wilson Bryan Key (2004), aún cuando se oculta el estímulo para no ser visto conscientemente, los sujetos tienden a rechazar el mensaje de forma inexplicable, cuando tales estímulos chocan con sus predisposiciones o valores morales.

Estos resultados se han repetido en diversos estudios y hay suficiente evidencia empírica para afirmar que no se ha logrado comprobar que la llamada publicidad subliminal opere de forma automática para crear o modificar una conducta específica en un individuo.

A continuación, se muestra un spot electoral que ha dado mucho de que hablar puesto que, según Richard Berke en un artículo que escribió para el New York Times el 12 de septiembre de 2000, este sería el primero en la historia de una campaña electoral norteamericana donde se utiliza la técnica visual de esconder un mensaje para desprestigiar al oponente y aventajarlo.

Se trata, pues, de un spot difundido durante la campaña presidencial de 2000 donde el candidato George W. Bush desestima los esfuerzos del candidato opositor Al Gore durante su mandato como vicepresidente de EE.UU., en el período Clinton-Gore, sobre un issue tan importante como lo es un plan para combatir los altos costos de los medicamentos (prescription drugs). El equipo de publicitario de Bush logra entremeter la palabra «Rats» (Ratas) que es resultado de un ángulo de acercamiento de la palabra «Burocrats» (Burócratas), para asociar ambos significados; y, a la vez, mencionar que los republicanos sí tienen un verdadero plan sobre los medicamentos para la población, mientras los Demócratas son todos unos «Burócratas».

Rats Bush spot (2000)

En el segundo 0:23» se ve claramente el juego veloz de ángulos en las palabras escritas, casi imperceptible, que buscan a toda costa influenciar las opiniones de los electores. Este tipo de recuadro «escondido» pertenece a la denominada publicidad subliminal por inducción mecánica.

Si bien esa fue la primera vez que se utilizó la técnica subliminal en una elección norteamericana, ya en Venezuela se había hecho dos años antes. Se puede tomar como ejemplo, en el caso venezolano, un spot electoral de 1998, de la candidata presidencial Irene Sáez, donde sus productores de campaña “escondieron” deliberadamente dos flashes subliminales, el primero en el tiempo 0:16» y el segundo en el 0:19», donde se lee claramente “VOTA IRENE” y que es imperceptible a plena vista a la velocidad normal del filme. Pienso que difícilmente este tipo de anuncios llega a tener los resultados que se esperan.

Justo Morao

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Nueva estrategia de imagen electoral de Chávez

Cerca de la fecha del Bicentenario de la Independencia venezolana, el 5 de julio de 2011, se supo la noticia de la grave e inclemente enfermedad del Presidente venezolano, Hugo Chávez. Después de la silente ausencia que preocupaba a grandes sectores de la nación, por fin aparecía en una cadena nacional transmitida directamente desde la Habana, Cuba, un ser humano visiblemente afectado por una convalecencia. Paralelamente, durante dicho vacío, en Venezuela se estaba agudizando una crisis penitenciaria, entre otras, que cobraba la vida de docenas de reos y que parecía incontrolable, que aunque es producto de décadas de abandono  del sector judicial, se hizo visible en esos días. Todos estos eventos produjeron las siguientes impresiones a nivel de su imagen política:

  • La ausencia prolongada del Presidente bajó su perfil, el desgaste natural que produce la exposición en los medios. Esto dio como resultado que la responsabilidad aparente de los problemas del país que se suscitaron en su ausencia se trasladara a sus funcionarios subalternos. Es decir, se resaltó la incapacidad de ciertos funcionarios para salvar el prestigio del Presidente.
  • La importancia de la fecha del Bicentenario de la Nación sirvió para potenciar la fragilidad de la salud del Presidente y crear vínculos emocionales y de solidaridad. Esto hizo notoria su imagen en los medios, nacionales e internacionales, aumentó el margen de popularidad de Chávez y fortificó viejas lealtades. Los siguientes días mostrarían un lado más personal y humano del Presidente en todas las cadenas mediáticas. Se mezclaron y se crearon vínculos emocionales entre los acontecimientos históricos del 5 de julio, la evolución de la recuperación de la enfermedad, las historias de la infancia personal de Chávez y la reiterada presencia de la «familia presidencial» dando el apoyo requerido.
  • En la medida que aumenta la solidaridad por su enfermedad baja la intención de voto por la posible reelección. La demasiada atención y mediación de su convalecencia pudo haber repercutido negativamente en su imagen. La reacción psicológica del ser humano es rechazar al líder cuando deja entrever debilidad, así sea ésta causada indirectamente. Un ejemplo de eso pude ser el rechazo inconsciente que tuvo el electorado estadounidense sobre el candidato favorito, el veterano Richard Nixon en 1960, que lucía en televisión opaco y enfermizo delante del radiante y «novato» John F. Kennedy. Más reciente, el reconocimiento de la enfermedad de Parkinson por parte del candidato Antanas Mockus pudo haber restado puntos importantes en la carrera electoral frente a su oponente Juan Manuel Santos en las elecciones presidenciales de 2010 en Colombia, a pesar de la excelente gestión gubernamental y la trayectoria de Mockus y la aclaratoria que su enfermedad no sería un problema.
  • Cambio de lema por parte del Presidente Chávez. El famoso «¡Patria, Socialismo o Muerte!» se ha quedado pasmado frente a sus derivaciones más moderadas y reflexivas como por ejemplo: «¡Viviremos y Venceremos!», que muestran a un Presidente más apaciguado.
  • El sector radical del chavismo apoya con ciertas reservas estos cambios de imagen. La fuerza con la que el Presidente se refería a la oposición sin piedad alguna, con todos sus lemas amedrentadores, peyorativos y radicales, propios del pensamiento Leninista, en anteriores contiendas electorales  -referendum revocatorio, reforma y enmienda constitucional-  se ha visto aminorada ante los ojos de los que una vez apoyaron a Chávez apasionadamente con su lenguaje alegórico al combate contra la vieja guardia de la política venezolana. Esto pudiera causar deserciones por parte del chavista emotivo y guerrero, ya que se percibe debilidad y piedad sobre el aparente enemigo que representa la oposición.
  • Redireccionamiento del monstruo mediático que creó la enfermedad del Presidente. Luego de la reacción negativa no esperada de la convalecencia del Presidente, se le está dando a éste un cambio de imagen a las puertas de una dura contienda electoral para el 2012 donde el color rojo y el «socialismo», que han querido ser introducidos a la fuerza en la sociedad venezolana al estilo mediático y publicitario propio del capitalismo más puro, no han dado unos resultados tan eficientes después de doce años. Esta coyuntura fue la oportunidad y la perfecta excusa para dar el cambio radical de la imagen presidencial que era una consecuencia natural que se había estado esperando desde hacía algún tiempo. El desgaste natural de la imagen ocasionada por la fuerza de roce que produce el rechazo de una postura anacrónica que genera aceptación parcial entre partidarios y rechazo general en una población, no se ha visto compensada por los logros que haya tenido la llamada «revolución» en más de una década, es decir, ha sido más la inversión que el rendimiento político.
  • Chávez cambia el rojo por amarillo, aconseja no introducir la palabra socialismo a todo lo que se atraviese por el medio y trata de reconciliarse con la Iglesia. El Presidente ahora prefiere no ser tan radical usando las palabras que inciten al «todo o nada», sino que se va por el camino del logro reflexionado. Igualmente, el 12 de julio asiste a una misa en el Fuerte Tiuna donde Monseñor Mario Moronta, obispo de San Cristóbal, estado Táchira, invitó al pueblo venezolano a unirse en oración para que el mandatario salga fortalecido en cuerpo y espíritu en la recuperación de su salud. Esta estrategia refresca su imagen, pero a un costo político muy alto. Quien estuvo con él porque representaba el guerrero irreverente de los años sesenta, armado con argumentos filosóficos que apostaban a la igualdad campesina y laboral y enfrentado a riesgo de su propia vida, con actitud reaccionaria, guerrillera y rural, será decepcionado por lo débil que se puso, pero no físicamente sino en su carácter, por la nueva imagen «condescendiente y urbana», que en buen criollo se llama «volverse blandengue».

Pienso que la estrategia de imagen tomó por sorpresa hasta al propio gobierno. Se han cometido errores, contradicciones y lo más importante ha sido el hecho que suponían que la explotación mediática de la lástima, la emotividad y la solidaridad a causa de la enfermedad iba a dar mejores resultados políticos, resultando todo lo contrario.

Otra posibilidad para esta estrategia pudo haber tenido como premisa el adelantarse a cualquier estrategia opositora y mostrar al público un hecho difícil de ocultar, como lo es la enfermedad del Presidente, donde el potencial electorado respondería de manera positiva por la razón de que se actuó con sinceridad, que no se mintió; y que debido a eso, a manera de premio, se respondería lealmente al llamado electoral. Esta postura parecería bastante ingenua para  un gobierno en funciones que intenta la reelección. Han habido antecedentes en la historia en los cuales los presidentes han ocultado sus enfermedades para no alarmar a un pueblo o para no verse perjudicado en el ejercicio del poder, uno de ellos fue el estadounidense Franklin D. Roosevelt quien ocultó su parálisis debido a la poliomielitis. Una cosa es solidarizarse con un ser humano por su condición y otra muy diferente es apoyar a alguien para un cargo tan importante como la reelección presidencial, todo esto suponiendo que se cuenta con el voto consciente del electorado.

Otra elemento que evidencia el error estratégico cometido es que el Presidente, a pesar de su enfermedad, ya ha tomado de nuevo su ritmo acostumbrado de  alocuciones públicas declarando en éstas reiteradamente su mejoría a manera de demostrar que el mal está pasando rápidamente y comenzado también a atacar a la oposición, todo estos debería ser más difícil en su condición. Es decir, todo lo que había logrado en su ausencia y reaparecimiento lo desperdició por una mala estrategia causando más preocupación entre sus seguidores, a pesar que los medios del Estado se han dedicado a exaltar la imagen y el «compromiso» que tiene el pueblo ante su «comandante».

A mi manera de ver todo esto ha sido producto de una estrategia interna del oficialismo donde no ha habido intervención de la oposición, tanto así que ésta ha estado tan ocupada en sus pugnas internas que en un primer momento no supieron capitalizar ese bache político a su favor y quizás hasta permitan en el futuro cercano que el oficialismo se recupere del todo con nuevas estrategias de imagen política que estén por venir. Lo interesante de todo lo expuesto es que el juego estratégico político siempre está en constante movimiento y evolución.

A continuación se muestran algunas imágenes de este cambio de estrategia del Presidente Chávez.

 

El impacto del no-jingle en el spot electoral

Esta modalidad del «no-jingle», es decir, mensajes que no contienen ningún elemento musical evidente, ha dado muy buenos resultados comunicacionales según indica la experiencia comicial de décadas pasadas en Venezuela. Tal es el caso de los spots televisados de la campaña electoral del candidato Luis Herrera Campíns  en 1978, que fue asesorado por el norteamericano David Garth, quien propuso una campaña que luciera austera. Para Garth el elemento musical en esa campaña específica podía dar connotaciones de frivolidad y derroche, lo que trató de evitar a toda costa, para darle al candidato un aspecto de sinceridad en su discurso y maneras que contrastaran con el gobierno de turno de Carlos Andrés Pérez de 1973.

Todos sus spots estuvieron basados en el mensaje directo del candidato hacia la cámara, al elector. Otros fueron hechos al estilo noticiero, siempre vestido con ropa informal, rodeado de gente común, mayormente en zonas populares de extrema pobreza y hablando directamente con los personajes de su entorno y a la cámara; sin jingle, sin canciones, sin fondo musical, sólo su voz. Esta carencia de fondo (silencio) acompañado con imágenes crudas aumenta el dramatismo; esto puede hacer reflexionar al elector y dar un matiz de «realidad verdadera», atribuyendo sinceridad sobre las palabras que son escuchadas en el spot.

La misma técnica del mensaje directo, tipo noticiero y el silencio (no-jingle), fue utilizada por el candidato Diego Arria del mismo año 1978, en los spots de su partido Causa Común. Su estilo de mensaje se asemejaba al del candidato Herrera Campíns, se apreciaba sincero, honesto y cercano a las clases populares sin ninguna frivolidad. La ventaja sobre los demás candidatos era que sus spots mostraban una sinceridad juvenil, junto con la preparación y la experiencia que ya tenía, también mostraba un compromiso en un marco de seriedad renovada. La desventaja fue que su incipiente partido estaba batallando contra dos grandes y poderosos partidos nacionales como lo fueron AD y COPEI, con muchos recursos económicos y arraigo en el sentimiento nacional; a pesar de ello pudo lograr el cuarto lugar de aquella aguerrida elección, superando partidos políticos más antiguos como el MEP, el MIR y el PCV.

Con el lema: «Ayúdalo! Diego te ayudará», se muestra uno de los spots del candidato Diego Arria. Un spot del estilo: voz directa y silencio (no-jingle), además de la ya mostrada por el otro candidato.

Justo Morao

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Reseña del libro en el Politikom del diario Últimas Noticias

Quiero agradecer con gran afecto a la excelente periodista Luz Mely Reyes, por haber reseñado y recomendado mi libro «La publicidad electoral en sus dimensiones sonoras»en su prestigiosa columna Politikom del diario venezolano Últimas Noticias en su edición del domingo 22 de mayo de 2011.

Muchas gracias Luz Mely @LuzMelyReyes