Nueva estrategia de imagen electoral de Chávez

Cerca de la fecha del Bicentenario de la Independencia venezolana, el 5 de julio de 2011, se supo la noticia de la grave e inclemente enfermedad del Presidente venezolano, Hugo Chávez. Después de la silente ausencia que preocupaba a grandes sectores de la nación, por fin aparecía en una cadena nacional transmitida directamente desde la Habana, Cuba, un ser humano visiblemente afectado por una convalecencia. Paralelamente, durante dicho vacío, en Venezuela se estaba agudizando una crisis penitenciaria, entre otras, que cobraba la vida de docenas de reos y que parecía incontrolable, que aunque es producto de décadas de abandono  del sector judicial, se hizo visible en esos días. Todos estos eventos produjeron las siguientes impresiones a nivel de su imagen política:

  • La ausencia prolongada del Presidente bajó su perfil, el desgaste natural que produce la exposición en los medios. Esto dio como resultado que la responsabilidad aparente de los problemas del país que se suscitaron en su ausencia se trasladara a sus funcionarios subalternos. Es decir, se resaltó la incapacidad de ciertos funcionarios para salvar el prestigio del Presidente.
  • La importancia de la fecha del Bicentenario de la Nación sirvió para potenciar la fragilidad de la salud del Presidente y crear vínculos emocionales y de solidaridad. Esto hizo notoria su imagen en los medios, nacionales e internacionales, aumentó el margen de popularidad de Chávez y fortificó viejas lealtades. Los siguientes días mostrarían un lado más personal y humano del Presidente en todas las cadenas mediáticas. Se mezclaron y se crearon vínculos emocionales entre los acontecimientos históricos del 5 de julio, la evolución de la recuperación de la enfermedad, las historias de la infancia personal de Chávez y la reiterada presencia de la “familia presidencial” dando el apoyo requerido.
  • En la medida que aumenta la solidaridad por su enfermedad baja la intención de voto por la posible reelección. La demasiada atención y mediación de su convalecencia pudo haber repercutido negativamente en su imagen. La reacción psicológica del ser humano es rechazar al líder cuando deja entrever debilidad, así sea ésta causada indirectamente. Un ejemplo de eso pude ser el rechazo inconsciente que tuvo el electorado estadounidense sobre el candidato favorito, el veterano Richard Nixon en 1960, que lucía en televisión opaco y enfermizo delante del radiante y “novato” John F. Kennedy. Más reciente, el reconocimiento de la enfermedad de Parkinson por parte del candidato Antanas Mockus pudo haber restado puntos importantes en la carrera electoral frente a su oponente Juan Manuel Santos en las elecciones presidenciales de 2010 en Colombia, a pesar de la excelente gestión gubernamental y la trayectoria de Mockus y la aclaratoria que su enfermedad no sería un problema.
  • Cambio de lema por parte del Presidente Chávez. El famoso “¡Patria, Socialismo o Muerte!” se ha quedado pasmado frente a sus derivaciones más moderadas y reflexivas como por ejemplo: “¡Viviremos y Venceremos!”, que muestran a un Presidente más apaciguado.
  • El sector radical del chavismo apoya con ciertas reservas estos cambios de imagen. La fuerza con la que el Presidente se refería a la oposición sin piedad alguna, con todos sus lemas amedrentadores, peyorativos y radicales, propios del pensamiento Leninista, en anteriores contiendas electorales  -referendum revocatorio, reforma y enmienda constitucional-  se ha visto aminorada ante los ojos de los que una vez apoyaron a Chávez apasionadamente con su lenguaje alegórico al combate contra la vieja guardia de la política venezolana. Esto pudiera causar deserciones por parte del chavista emotivo y guerrero, ya que se percibe debilidad y piedad sobre el aparente enemigo que representa la oposición.
  • Redireccionamiento del monstruo mediático que creó la enfermedad del Presidente. Luego de la reacción negativa no esperada de la convalecencia del Presidente, se le está dando a éste un cambio de imagen a las puertas de una dura contienda electoral para el 2012 donde el color rojo y el “socialismo”, que han querido ser introducidos a la fuerza en la sociedad venezolana al estilo mediático y publicitario propio del capitalismo más puro, no han dado unos resultados tan eficientes después de doce años. Esta coyuntura fue la oportunidad y la perfecta excusa para dar el cambio radical de la imagen presidencial que era una consecuencia natural que se había estado esperando desde hacía algún tiempo. El desgaste natural de la imagen ocasionada por la fuerza de roce que produce el rechazo de una postura anacrónica que genera aceptación parcial entre partidarios y rechazo general en una población, no se ha visto compensada por los logros que haya tenido la llamada “revolución” en más de una década, es decir, ha sido más la inversión que el rendimiento político.
  • Chávez cambia el rojo por amarillo, aconseja no introducir la palabra socialismo a todo lo que se atraviese por el medio y trata de reconciliarse con la Iglesia. El Presidente ahora prefiere no ser tan radical usando las palabras que inciten al “todo o nada”, sino que se va por el camino del logro reflexionado. Igualmente, el 12 de julio asiste a una misa en el Fuerte Tiuna donde Monseñor Mario Moronta, obispo de San Cristóbal, estado Táchira, invitó al pueblo venezolano a unirse en oración para que el mandatario salga fortalecido en cuerpo y espíritu en la recuperación de su salud. Esta estrategia refresca su imagen, pero a un costo político muy alto. Quien estuvo con él porque representaba el guerrero irreverente de los años sesenta, armado con argumentos filosóficos que apostaban a la igualdad campesina y laboral y enfrentado a riesgo de su propia vida, con actitud reaccionaria, guerrillera y rural, será decepcionado por lo débil que se puso, pero no físicamente sino en su carácter, por la nueva imagen “condescendiente y urbana”, que en buen criollo se llama “volverse blandengue”.

Pienso que la estrategia de imagen tomó por sorpresa hasta al propio gobierno. Se han cometido errores, contradicciones y lo más importante ha sido el hecho que suponían que la explotación mediática de la lástima, la emotividad y la solidaridad a causa de la enfermedad iba a dar mejores resultados políticos, resultando todo lo contrario.

Otra posibilidad para esta estrategia pudo haber tenido como premisa el adelantarse a cualquier estrategia opositora y mostrar al público un hecho difícil de ocultar, como lo es la enfermedad del Presidente, donde el potencial electorado respondería de manera positiva por la razón de que se actuó con sinceridad, que no se mintió; y que debido a eso, a manera de premio, se respondería lealmente al llamado electoral. Esta postura parecería bastante ingenua para  un gobierno en funciones que intenta la reelección. Han habido antecedentes en la historia en los cuales los presidentes han ocultado sus enfermedades para no alarmar a un pueblo o para no verse perjudicado en el ejercicio del poder, uno de ellos fue el estadounidense Franklin D. Roosevelt quien ocultó su parálisis debido a la poliomielitis. Una cosa es solidarizarse con un ser humano por su condición y otra muy diferente es apoyar a alguien para un cargo tan importante como la reelección presidencial, todo esto suponiendo que se cuenta con el voto consciente del electorado.

Otra elemento que evidencia el error estratégico cometido es que el Presidente, a pesar de su enfermedad, ya ha tomado de nuevo su ritmo acostumbrado de  alocuciones públicas declarando en éstas reiteradamente su mejoría a manera de demostrar que el mal está pasando rápidamente y comenzado también a atacar a la oposición, todo estos debería ser más difícil en su condición. Es decir, todo lo que había logrado en su ausencia y reaparecimiento lo desperdició por una mala estrategia causando más preocupación entre sus seguidores, a pesar que los medios del Estado se han dedicado a exaltar la imagen y el “compromiso” que tiene el pueblo ante su “comandante”.

A mi manera de ver todo esto ha sido producto de una estrategia interna del oficialismo donde no ha habido intervención de la oposición, tanto así que ésta ha estado tan ocupada en sus pugnas internas que en un primer momento no supieron capitalizar ese bache político a su favor y quizás hasta permitan en el futuro cercano que el oficialismo se recupere del todo con nuevas estrategias de imagen política que estén por venir. Lo interesante de todo lo expuesto es que el juego estratégico político siempre está en constante movimiento y evolución.

A continuación se muestran algunas imágenes de este cambio de estrategia del Presidente Chávez.

 

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