¿Por qué quiere usted ser Presidente?

Es impactante saber que en Venezuela, en tiempo de elecciones, se puede notar un gran número de candidaturas inscritas con el único y definido propósito de llegar a la Presidencia de la República. A través de la historia contemporánea venezolana se han visto esfuerzos desaforados y sostenidos por diversos candidatos para llegar a la cima del poder, es decir, presionan dentro de sus partidos o se insobordinan a la disciplina de éstos y crean unos nuevos, hacen o deshacen alianzas, compiten contra sus antiguos amigos, se hacen amigos de sus antiguos enemigos y, sin ir más lejos, realizan todas las posibles combinaciones que la aritmética del transfuguismo y del oportunismo puedan dar para sobrevivir y brillar en este complicado mundo que llamamos “política”. Lo que más importa, pues, es llegar a la cúspide más deseada: “La Silla Presidencial”.

Lo dicho anteriormente no se refiere sólo a una práctica local, sino que se realiza en todos las naciones occidentales que poseen sistemas electorales “democráticos”, donde exista por lo menos la posibilidad de competir con reglas claras y con un arbitro legalmente constituido e imparcial; cosa que en países autoritarios o totalitarios no se podría lograr. También hay que mencionar que los sistemas democráticos europeos, más depurados y conscientes que el nuestro, la responsabilidad de ser candidato electoral no se toma tan a la ligera, sino que en ocasiones existen muchos requisitos de formación personal, de historial laboral y de gestión, que presionan tanto a los postulados que, a veces, la tarea de candidato se convierte en una carga muy pesada y, al ser triunfador comicial, presupone grandes consecuencias judiciales, patrimoniales y morales ante una sociedad responsable y acostumbrada a que todo funcione correctamente.

En Venezuela, los únicos requisitos para postularse como candidato presidencial están contemplados en la Constitución Nacional y regulados por la Ley Orgánica de Procesos Electorales, donde sólo se necesita ser venezolano por nacimiento, mayor de treinta años de edad, de estado seglar y no haber sido condenado mediante sentencia firme, es decir, estos requisitos ni siquiera exigen el saber leer y escribir. Se diría entonces que, llenando los requisitos de ley, es relativamente fácil ser candidato para optar por un cargo público, incluyendo la Presidencia de la República. La cuestión está en preguntarse: ¿Por qué alguien tiene ese deseo tan intenso de ser presidente en Venezuela? Existe una lista enorme de “precandidatos presidenciales”, es decir, ciudadanos inscritos para participar en una elección interna, las llamadas “primarias”, para obtener a un postulado que represente a los partidos de oposición en una candidatura unitaria, todo esto con el fin de no dividir el voto de la oposición en una contienda electoral contra el único candidato de gobierno por la reelección, el presidente Hugo Chávez, en el proceso electoral venezolano de 2012.

Lo que llama la atención es que para tales “elecciones primarias” se han postulado una serie de candidatos inimaginables: novatos de poca experiencia, políticos de carrera que vivieron los inicios de la democracia en el país y, por otra parte, jóvenes de gran carisma, todos con más o menos experiencia en asuntos políticos. Está claro que este mecanismo de escogencia perfecciona la democracia venezolana, pero me he preguntado si con la importancia histórica que representan los próximos comicios 2012 para el país, todos ellos tendrán claro su aporte como candidato y como presidente si fuera el caso, o sólo han considerado pretensiones más oscuras e individualistas. Pienso que muchos de ellos no tendrían bien definida una respuesta a la obligatoria pregunta que corresponde a sus anhelos, sin caer primero en los clichés habituales, es decir, cómo se puede responder de manera convincente una pregunta tan crucial que convenza a un electorado ávido de cambios sociales y estructurales; y que a nivel de imagen favorezca a sus deseos electorales: ¿Por qué quiero yo ser Presidente?

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Existe una anécdota muy famosa que ocurrió en Estados Unidos, en la cual el Partido Demócrata estaba escogiendo a su candidato mediante elecciones internas, en sus primarias, para enfrentarse al republicano Ronald Reagan en las elecciones presidenciales de 1980. El favorito de todos los Demócratas era el muy estimado y respetado Edward “Ted” Kennedy, senador por Massachusetts, que sobresalía en popularidad y carisma al titular de la candidatura por la reelección presidencial, James “Jimmy” Carter.

Inesperadamente, en una importante entrevista televisiva a través de la cadena CBS que le hiciera un famoso periodista norteamericano, Roger Mudd, días antes a dicha definitoria, todo cambiaría. Lo increíble del caso fue que el periodista, después de haber mostrado y comentado la impecable carrera política del senador Kennedy, una gran oportunidad para promocionar su imagen, al preguntarle: ¿Por qué quiere usted ser Presidente? Éste se quedo perplejo, titubeó, contestó frases dispersas y mal elaboradas, es decir, la duda y la pobre preparación para la entrevista dejó ver una carencia en sus propósitos, en sus planes; una debilidad, un efecto desfavorable en su imagen que la audiencia captó inmediatamente y que consideró enormemente al momento de apoyarlo como candidato presidencial. Se podría pensar que tal suceso permitió que la impopularidad de Carter generalizada en el electorado estadounidense, diera el triunfo de Reagan.

Se muestra la famosa entrevista que dio origen a la derrota de Ted Kennedy a la candidatura Demócrata para la elección de 1980 y, por ende, la derrota de su partido en esa oportunidad.

Justo Morao

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Se repite de nuevo la misma historia (publicitaria electoral)

En los difíciles momentos que atraviesa Venezuela, con un clima electoral que promete calentarse poco a poco hasta finales del año 2012, a través de un proceso de elecciones primarias entre los diferentes partidos de oposición que escogerán a un candidato unitario que finalmente se enfrentará, en unos comicios presidenciales, al único contrincante del lado del gobierno, el actual presidente Hugo Chávez, es cuando se necesita más creatividad publicitaria y comunicacional para generar el mayor interés en el electorado.

El actual votante venezolano, cuya preferencia tienda a ser de oposición, busca entre los postulados a dichas primarias un vestigio de credibilidad y cambio. Sabemos que los spots o cuñas electorales funcionan como medios idóneos para transmitir información acerca del candidato, del partido o movimiento a que pertenece o de los temas de interés (issues), pero tan importante es ello como el estilo y el diseño de la comunicación.

Han pasado más veinte años de la candidatura del Dr. Eduardo Fernández por el partido venezolano Social Cristiano Copei, en el año 1988. Nadie podría señalarlo o criticar su estupenda e intachable carrera, además de ser uno de los pocos venezolanos que se mantiene con un alto grado de honorabilidad y respetabilidad en el difícil terreno de la política venezolana, asimismo, nadie podría dudar de su alta capacidad de respuesta en caso de asumir un puesto tan importante como la representación de una candidatura unitaria. Sin embargo, la imagen con que presenta su propuesta tiende a ser reincidente en el estilo de aquellos años ochenta, muy lejos de lo que sus intenciones de cambio y modernidad quieran transmitir.

Su nueva serie de spots: «ya es hora», todas dentro de un mismo estilo, muestran al público diferentes mensajes de tipo reflexivo, aunque dispersos y ambiguos, con palabras repetitivas y dentro de una imagen de ejecutivo de oficina con una biblioteca de fondo que ya hemos visto en el pasado, elementos no muy populares para el elector común. El spot contiene elementos positivos de excelente calidad como una imagen discursiva directa de plano cercano, también se sustituye la música de fondo por el silencio mientras se dirige a la audiencia, elemento muy importante para obtener la atención del espectador, sin embargo, el único elemento resonante que se ha dejado es un logotipo musical al final del spot que evoca una estrofa instrumental de nuestro «Gloria al Bravo Pueblo», es decir, el mensaje importante no se quedará en la memoria del espectador. Asimismo, el elemento desfavorable del spot ha sido que se muestra y se mantiene la misma imagen pasiva de ejecutivo de oficina que lo perjudicó tanto en el pasado de la cual se han cuidado sus otros contendores en esta nueva elección, inclusive sus contemporáneos, que por su parte han dado giros extraordinarios proyectando imágenes de agilidad y dinamismo como líderes políticos.

Aquí se muestra un ejemplo visual, un spot reciente de 2011 y otro del año 1988, sobre lo que se ha dicho acerca de la reincidencia en un mismo estilo de mensaje que pretende transmitir algo diferente y novedoso, que difícilmente genera confianza en la audiencia. Una buena recomendación es no repetir en los spots electorales elementos que puedan resultar desfavorables a la imagen, tanto visuales como sonoros, que estuvieron presentes en una campaña antigua y que puedan ser asociados al mensaje de un mismo candidato en una nueva campaña.

Justo Morao

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