Música electoral: entre la seriedad copeyana y la pachanga adeca – Entrevista a Justo Morao

Transcribo a continuación una entrevista que me realizó el periodista Franz von Bergen para la revista Climax (Venezuela) publicada el 2 de noviembre de 2015.

http://elestimulo.com/climax/la-campana-del-6d-entre-la-seriedad-copeyana-y-la-pachanga-adeca

Música electoral: entre la seriedad copeyana y la pachanga adeca

música-chavismo-oposición

02/11/2015

| TEXTO: FRANZ VON BERGEN | COMPOSICIÓN: MERCEDES ROJAS PÁEZ-PUMAR
La música, los mensajes claves y la imagen que proyecten los candidatos son fundamentales no solo en el quehacer político sino en el recorrido de las campañas electorales. Son estrategias populares. A víspera del 6 de diciembre, los votantes esperan las rimas que enamorarán o alejarán a los candidatos de la meta: la Asamblea Nacional

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Esa era parte de la letra del principal jingle electoral que utilizó la campaña presidencial de Carlos Andrés Pérez en 1973. Al joven de hoy la música le haría evocar segmentos de Súper Sábado Sensacional o de programas especiales de Venevisión, como el Miss Venezuela. Sin embargo, para entonces la propuesta representaba toda una innovación en la sociedad y la política venezolana.

La letra y música la escribió José Enrique “Chelique” Sanabria, quien comandó un grupo de más de 10 músicos para producir la pieza y varias otras que le dieron ritmo al mensaje del candidato de Acción Democrática (AD). “Esa propuesta marcó una época”, opina Justo Morao, músico y politólogo que ha producido jingles para varios candidatos en América Latina y que en 2013 fue nominado para un Grammy Latino por la mezcla que hizo para el álbum Latin American Classics. “Con esa campaña electoral, que fue asesorada por el estadounidense Joe Napolitan, comenzó en América Latina la campaña moderna que buscaba posicionar al candidato como una estrella de rock”, explica Morao.

El estilo encajó perfectamente con la figura de Pérez: un político activo, extrovertido y muy cercano a la gente. También le permitió marcar distancia respecto a su rival, el copeyano Lorenzo Fernández —un dirigente mucho más serio y reservado que quedó abrumado por la propuesta de su rival. Al final Carlos Andrés se llevó el triunfo con 48,7% de los votos, 12 puntos más que Fernández. La fórmula se replicó entonces en toda América Latina y se convirtió en una parte permanente de todas las propuestas proselitistas de AD.

En 1978 se vendió al candidato Luis Piñerúa Ordaz como “el hombre que habla claro” y luego, cinco años más tarde, se propuso que Jaime Lusinchi pondría a Venezuela “en marcha” siendo “alegre, entusiasta y victorioso”. “Copei era menos propenso a usar la música. Siempre pensaron que AD era más populachero y criticaban esos jingles escandalosos. Era también su forma de marcar una diferencia con sus rivales mostrándose más serios”, advierte Morao.

La estrategia del partido verde —Comité de Organización Política Electoral Independiente (Copei)— también le rindió frutos en ocasiones. En 1978 la campaña de Luis Herrera Campins mantuvo un tono serio para vencer a Piñerúa Ordaz por 3,3 puntos porcentuales de diferencia. “Recibo un país hipotecado”, dijo Herrera en su toma de posesión luego de ganar con una estrategia proselitista en la que los principales spot recogían testimonios de ciudadanos con necesidades y cerraban con el slogan “¡Ya basta!”. Esa campaña fue también asesorada por un estadounidense, David Garth, quien intentó dejar de lado cualquier clase de jingle para dramatizar el tono del mensaje.

La disyuntiva actual

Con un índice de inflación que cerrará el 2015 por encima de 180%, según pronostican distintas firmas internaciones, y altos niveles de escasez que generan colas para comprar toda clase de productos, Venezuela vive actualmente una de las peores crisis económicas de su historia reciente.

Ante el contexto gris y dramático, expertos como Morao consideran que la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) podría sacar especial provecho a una campaña muy austera que use poca música. Algo muy parecido al estilo de Herrera Campins en 1978. “Creo que eso podría causar mucho impacto en este momento. Mostrarse serio para conectar con la situación que viven los venezolanos pudiera ser muy efectivo”, explica el músico.

Armando Briquet, quien fue uno de los jefes de las campañas presidenciales de Henrique Capriles en 2012 y 2013, concuerda con la idea de que la oposición no debe obviar la frustración y la rabia que sienten en este momento los venezolanos. Sin embargo, piensa que dejar la música totalmente de lado no sería bueno. “Todavía hay espacio para los jingles, aunque con un tono distinto al de antes. Creo que la canción que use la oposición debería ser mucho más reivindicativa. Debe tener un tono que refleje un clamor por justicia, quizá más dramático. La música ayuda a conectar mucho con la gente”, explica Briquet.

Por el lado del chavismo, el presidente Nicolás Maduro pidió el martes 20 de octubre que los candidatos del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) salgan con un tono alegre y hagan una campaña muy feliz.Las propagandas más exitosas del oficialismo se han destacado por su tono emocional, similar a la pachanga adeca de antaño aunque con ritmos modernos. El ejemplo más resaltante fue la propuesta del 2012, cuando artistas como Hany Kauam, Los Cadillacs y Omar Enrique cantaron “Chávez corazón del pueblo”, que tenía una sinfonía similar al de cualquier hit de música pop.

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Pero los expertos advierten que el Gobierno debe tener cuidado en esta oportunidad. En vista de los altos niveles de descontento que hay en la población —87,9% de los ciudadanos se declara molesto en la última encuesta de Venebarómetro—, el PSUV podría profundizar esa rabia si actúa con mucha felicidad y como si la crisis no existiera. “La gente piensa que el Presidente debería dar la alegría con una buena gestión, no pidiéndole a sus candidatos que salgan por ahí a cantar”, alerta Briquet.

Morao asegura que, en tiempos de crisis como el actual, la decisión de por quién votar termina siendo influenciada por factores racionales, por lo que la gente se fija más en la propuesta de los candidatos y menos en aspectos como la música o la imagen del dirigente —que son emocionales. Si esto termina siendo así, el oficialismo hasta ahora tiene las de perder. “Esta es una campaña difícil para los candidatos y sus asesores debido a que las angustias distraen mucho a los votantes. El oficialismo nunca va a dejar de usar la música, pero creo que en esta ocasión sólo les será efectiva con pequeños sectores del electorado, como los jóvenes chavistas”, añade Morao.

El choque contemporáneo

Así como hasta la década de los 90 existió la rivalidad entre AD y Copei —que se expresó de una determinada forma en las campañas—, desde 1998 el choque pasó a ser entre el chavismo y las fuerzas opositoras.En la primera elección que ganó Chávez el candidato se presentó con tonos muy nacionalistas y austeros, mientras que su principal rival, Henrique Salas Römer, fue acompañado por música de Ilan Chester que vendía un “sueño para Venezuela” y la gestión del candidato como gobernador de Carabobo.

En 2006 Chávez basó su principal mensaje en el amor, asegurando en un spotcontroversial que este sentimiento era el que lo había llevado a hacer la mayor parte de las cosas en su vida y su gobierno. Por su parte, la oposición, encabezada esa vez por Manuel Rosales, adaptó el tema “Atrévete”, de Calle 13 y popular para el momento. El cantante puertorriqueño no fue consultado por el uso de la canción, por lo que llegó a amenazar con denunciar a los opositores.

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En 2012 hubo un choque de música entre el “Corazón del pueblo” de Chávez y el “Hay un camino” de Capriles, las dos muy bien estructuradas y mezcladas, según Morao y Briquet. “Nuestra campaña se basó en un concepto que fue alimentado a lo largo del tiempo. Buscamos tener un tono muy dinámico porque era una propuesta muy activa, de calle y con un candidato joven. El cambio era el elemento común en los tres piezas musicales que tuvimos”, comenta Briquet.

En toda América Latina la música sigue siendo un elemento central de las campañas, como se vio en las últimas elecciones presidenciales de Argentina. Aunque en otras partes del mundo la situación ha empezado a cambiar, este elemento todavía sirve en la región para fortalecer la figura del dirigente político, por lo que tienen una finalidad muy personalista. “En Estados Unidos la canción como elemento comunicador principal empezó a usarse con Dwight Eisenhower en 1952 y se mantuvo hasta Richard Nixon en 1968. Luego de eso ha entrado en un segundo plano para acompañar los mensajes que da el candidato o algún narrador en voz en off”, advierte Morao.

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La única canción que ha salido en el actual periodo de campaña venezolano es “Sube el PSUV”, una pieza dedicada al partido de gobierno y que en ningún momento menciona al presidente Nicolás Maduro ni a candidatos específicos. En ella se califica al partido de gobierno como “chavista” y “socialista” y la cantan Daniella Cabello, Omar Acedo y Roque Valero. Esta canción presenta una innovación porque se aleja del personalismo que ha distinguido a los jingles electorales de América Latina al tratar de ensalzar una institución: el partido político chavista.

Morao advierte que dos elementos pueden explicar este cambio. El primero: es una campaña parlamentaria que tiene muchos candidatos distintos. El segundo: la imagen de Maduro está muy desgastada, por lo que no se le puede usar de portaviones como se hacía con Chávez. La identidad partidista cobra entonces un peso mucho más importante.

“Sube el PSUV” fue publicada en junio, cuando el partido de gobierno iba a hacer sus primarias para seleccionar a la mayor parte de sus candidatos nominales. Todavía no se he revelado si la propuesta de campaña que presentará el chavismo en noviembre irá por esta misma línea o tendrá un tono más personalista. Si se vuelve a concentrar en lo institucional y lo hace con música, pudiera representar un nuevo cambio en la historia de los jingles políticos en América Latina.

Luego de que la técnica cobrara popularidad con Pérez como una propuesta personalista, se utilizó como una fórmula para vender conceptos y promesas. Ahora la música estaría promoviendo un partido político. Esto sería un elemento distinto para una región en la que la política tiende a ser una actividad dominada por personalidades fuertes.

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