La vivienda como tema de campaña electoral y las religiones políticas

La vivienda como tema (issue) de campaña, no es algo novedoso en tiempos de promesas electorales y contienda política. Sabemos, pues, que mientras pasa el tiempo, la población crece y, aunado al deterioro de la economía, este problema prácticamente generalizado no sólo afecta a las clases populares, sino que en los actuales momentos, se ha extendido a la clase media trabajadora a la que se le hace casi imposible adquirir una propia.

Junto con otros temas de la misma importancia, la vivienda ha sido expuesta por diferentes candidatos a lo largo de la historia política de nuestro país a través de la publicidad electoral, ésto con la idea de captar el interés del elector que sufre directamente el drama y la necesidad de no tenerla. Algo interesante que ha sido una constante en estos temas de la vivienda y se ha realizado audiovisualmente en diversos spots publicitarios electorales, es la utilización de la técnica del protagonista reconocible con su historia personal, con quien el receptor del mensaje puede identificarse en corto tiempo, que puede recordarlo y asociarlo consigo mismo por su manera de hablar, por su sencillez o por su aparente autenticidad.

Así vemos el spot “La Historia de Andrés Antonio Ospino“, quien era un niño de la calle que llegó a tener, a sus 43 años, una vivienda propia y digna gracias al presidente Chávez, un testimonial de un minuto de duración donde no se muestra cómo formó a su familia o de qué se mantuvo en los años anteriores al gobierno de Chávez; sin poner en duda la veracidad de la historia, no deberíamos tampoco dudar, ni olvidar, tantas historias similares de diferentes períodos electorales como la de Carlota Flores y su hija Aleida Josefina, en la campaña de 1978 del candidato Luis Herrera Campíns, quien le iba a dar “una casita”; o la de Ivette Guaramato a quien el gobernador del Estado Carabobo, Henrique Salas Feo, le otorgó una “vivienda de bloque”.

Este tipo de spot reiterado en nuestra historia electoral venezolana, crea un vinculo con el espectador, quien a través de su propia historia personal:

  • Puede llegar a sentir y a compartir la alegría del protagonista.
  • Puede llegar a dudar sobre las ideas negativas preconcebidas que alguna vez pudo haber tenido sobre el candidato o su gestión anterior; y
  • Podría también llegar a entusiasmarse y esperar su turno para obtener la vivienda que ya otros están teniendo y así dar un voto de fe.

Ahora bien, el spot de Andrés Antonio Ospino pretende profundizar en terrenos que van más allá del tradicional en esta clase de publicidad electoral. Una mini producción cinematográfica con excelente calidad de imagen y sonido acompañada por música orquestal sinfónica, de alta factura, que posee un poder muy dramático y emotivo. Se hace evidente la intención de glorificar a Chávez como una especie de deidad o mesías reencarnado por el hecho de haber concedido, en términos poco claros, una vivienda a un ciudadano tomado al azar, quien posiblemente ignora que resolver ese gran problema social es una obligación para el presidente y por ello fue escogido democráticamente para ese cargo a través de unos comicios.

Se trata entonces de la beatificación gubernamental del presidente a través de la propaganda política para la obtención de réditos electorales, donde todos los organismo del Estado, sus contralores y veedores, están verdaderamente conscientes de ello. El spot muestra a su protagonista Andrés Antonio refiriéndose al presidente, de manera muy convencida, como el nuevo Libertador o como la reencarnación de Simón Bolívar; y al final menciona en su refrán: que en su vida se encuentra “Dios en primer lugar y en el segundo …”, no pone a Jesucristo, ni a Buda, ni a Mahoma, ni siquiera su familia, ni sus hijos, ni sus propios padres, sino “… el comandante Chávez“.

Este tipo de spot, más que electoral, propagandístico, posee vestigios de lo que historiadores como Emilio Gentile han llamado Religiones Seculares, vistas en el contexto del desarrollo de un “sistema de creencias, mitos, rituales y símbolos que crean un aura sagrada en torno a una entidad que pertenece a este mundo y lo convierte en un objeto de culto y devoción” del cual no escapa la política. De dicho término ya había hecho referencia Rousseau, mencionado como Religión Civil, al referirse a creencias que son distintas y muy diferente de la cristiana, que puede llegar a ser antagónica por completo a las religiones metafísicas.

Los estudiosos han debatido si tales religiones políticas son creaciones utilitarias que funcionan como pantalla fraudulenta para engañar, entretener y cautivar a simpatizantes de movimientos y organizaciones políticas, que aprovechando la efervescencia de un momento determinado, bajo estos preceptos, diseñan rituales ligeros, letanías, cantos y oraciones de fácil aprendizaje y reconocimiento, que despiertan el sentido de pertenencia de las masas, careciendo totalmente de fundamentos ideológicos. O, por el contrario, que ese sistema de creencias va tomando forma de manera sostenida en el cual sus simpatizantes desarrollan una veneración genuina por una “ideología” o por un líder. Lo que no cabe duda es que bajo el amparo de la conveniencia y necesidad de aplicación de leyes y sanciones nacidas dentro de este tipo de dogmas, sus promotores han cometido crímenes atroces a través de la historia. En ese sentido, Guglielmo Ferrero en 1942, interpretó la “sacralización de la política” de la siguiente manera, cuando, con fervor casi religioso, se le otorga virtudes que la trascienden:

“Esta exaltación sólo puede ser percibida a través de una cristalización emocional de admiración, gratitud, entusiasmo y amor en torno al principio de legitimidad que transforma sus imperfecciones, los límites y la falta de principios comunes en algo que es absoluto e inspira devoción. Este fervor y esta felicidad total, sincera, alegre, pero en parte reconocimiento ilusorio de la superioridad del poder, causa legitimidad para alcanzar su completa madurez y el más alto grado de eficacia, la cual entonces transforma tal legitimidad en una especie de autoridad paternalista”

Ahora bien, esta clase de propaganda electoral que pretende mitificar a un líder y su gestión, mostrándola casi milagrosa, ha sido constante en el gobierno de Chávez con la difusión de diferentes spots electorales que exaltan la imagen del presidente, que pretenden crear y fomentar una clase de fe totalmente inédita, que no habíamos visto jamás en nuestra historia política, no propiciada desde el mismo gobierno, ni siquiera con los mandatarios más carismáticos que ha tenido nuestra democracia venezolana.

¿Será entonces que nos encontramos en una sociedad regocijada e ingenua que es capaz de atribuirle poderes mágicos, propios de la voluntad de los dioses, a un ser humano más que imperfecto, que sólo cumple un trabajo administrativo? ¿O acaso se tratará de pura difusión propagandística continua, cargada de pretensiones totalitarias en las que se retroalimentan la adulación y la limosna, que intenta colmar a una sociedad que va cayendo en espiral bajo un manto de cinismo, conformismo, falsa devoción, sonrisa conveniente y silencio aprobatorio, donde el interés individual nos hace cómplices a todos?

A continuación, se muestran algunos ejemplos, antiguos y actuales, de la la vivienda como tema de campaña: 

Justo Morao

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